En política, como en la navegación, hay decisiones que no cambian el rumbo del barco… pero sí alteran quién da las órdenes en el puente de mando. El llamado plan B de la reforma electoral entra en esa categoría: no toca el artículo 41 Constitucional, columna vertebral del sistema electoral mexicano, pero introduce ajustes que, sin ruido excesivo, pueden modificar los equilibrios construidos durante las últimas 3 décadas.