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La mañanera de López Obrador no pasaba por ningún control de seguridad, sino era discrecional y no estaba destinada únicamente a medios –como en Washington–, sino entraban todo tipo de personas.
Opinión30 de enero de 2025 Raymundo Riva Palacio
El anuncio de la Casa Blanca de que se abrirían los briefings a periodistas independientes, influencers, creadores de contenido y de pódcasts, generó reacciones en México, donde se trazó una analogía con el sistema comunicacional y de gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador. Una línea que impulsó el oficialismo en medios impresos y electrónicos fue registrado en el Bajo Reserva de El Universal, que publicó que les habían confiado que la mañanera había triunfado en la Casa Blanca, exaltando la “consagración como modelo de exportación del formato mañanero mexicano de Jesús Ramírez Cuevas y de su jefe Andrés Manuel López Obrador”. La columna Confidencial de EL FINANCIERO agregó: “Así que a quemarle incienso al republicano; sólo falta que allá también empiecen a hacer preguntas a modo como los ‘Moléculas’ o los ‘Sin Censuras’”.
EL FINANCIERO lo registró bien. Parece lo mismo, pero no es lo mismo. No es del todo nuevo lo que comenzó ayer en Washington, pero será institucionalizado, y se mantienen diferencias fundamentales.
La vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, que a sus 27 años es la más joven en haber ocupado ese estratégico puesto –la comunicación política ocupa 80% del trabajo diario de la Presidencia de Estados Unidos–, mencionó la incorporación de los nuevos medios digitales, que tienen grandes audiencias y llegan a grupos que no se informan en los tradicionales, llamados Legacy Media, que han ido perdiendo confianza entre la gente, como registró en octubre una encuesta de Gallup que trajo a cuenta Leavitt. López Obrador y Ramírez Cuevas argumentaban lo mismo para justificar a sus youtuberos y medios digitales, que, salvo excepciones, eran de carcajada.
Leavitt anunció que “en la medida que sean creadores de contenido noticioso y son periodistas legítimos e independientes”, serían bienvenidos a la Casa Blanca. López Obrador y Ramírez Cuevas le abrieron las puertas a Palacio Nacional a periodistas ilegítimos en muchos casos y dependientes de la Presidencia, por la vía de recursos directos que les inyectó el jefe de la propaganda del régimen a través de varias dependencias federales que, por sus responsabilidades, podían esconder los pagos, o mediate prebendas de ingresos indirectos y tolerancia para que cobraran por preguntas pagadas por políticos, empresas o grupos de interés.
En la Casa Blanca, lucrar con el espacio que les otorgan en el salón de los briefings “James Brady” –en honor al vocero del presidente Ronald Reagan que recibió un disparo en la cabeza durante un intento de asesinato de su jefe en 1981–, es imposible siquiera pensarlo. De igual manera es inconcebible que los representantes de los nuevos medios que serán recibidos de manera estructurada, porque ya tenían acceso, tengan como principal función leer preguntas de la vocera de la Casa Blanca o sirvan como los payasos de circo como los que tenían López Obrador y Ramírez Cuevas, que tiraban miel al presidente de manera obscena, eran zalameros hasta la ridiculez, y diariamente ejercían su derecho a la estupidez. Por ejemplo, personajes como Carlos Pozos, que renació como “Lord Molécula”, sería imposible que existieran en los briefings.
Leavitt mencionó el requisito de que quienes quieran el medallón de plástico con su fotografía que les da acceso a la Casa Blanca tienen que presentar sus cartas credenciales y pasar por la revisión previa de seguridad que hace el Servicio Secreto. La vocera no mencionó un primer filtro de seguridad que exige, cuando menos hasta hoy, la acreditación del Congreso antes de iniciar el trámite en la Casa Blanca. La mañanera de López Obrador no pasaba por ningún control de seguridad, sino era discrecional y no estaba destinada únicamente a medios –como en Washington–, sino entraban todo tipo de personas, incluidos músicos, comediantes y payasos auténticos para el Daily Morning Show del presidente. En la actualidad, los requisitos para asistir a las mañaneras de la presidenta Claudia Sheinbaum son más relajados, y aunque mantiene un formato similar, ha dejado fuera todo lo que se asemeje a la carpa del sexenio anterior.
Las mañaneras de López Obrador tenían un acomodo de youtuberos y periodistas particular. Durante la mayor parte del sexenio se entregó a los periodistas inventados por Ramírez Cuevas las dos primeras filas del teatro habilitado en el Salón de la Tesorería –donde otrora fueron las comidas y cenas de Estado–, que eran a quienes López Obrador les daba mayoritariamente la palabra. Lo que hacían eran preguntas a modo para que el presidente iniciara sus recorridos al espacio sideral y regresara muchos minutos después –una vez se extendió 43 minutos– a la tierra sin responder lo que le preguntaron, pero aprovechando para fustigar a opositores, amigos, colaboradores, medios y periodistas.
En la Casa Blanca hay un arreglo diferente. Antes de Reagan, salvo los dos asientos en el pasillo central y en la primera fila, asignados permanentemente a las dos principales agencias de noticias –una hacía la pregunta inicial y la otra cerraba el briefing–, conforme uno llegaba se sentaba. Desde ese gobierno se asignaron asientos en las tres primeras filas a los medios más importantes de Estados Unidos. En la actualidad, la asignación de lugares se da mediante una negociación de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca con los funcionarios de la oficina de la vocera. Leavitte, por lo pronto, no modificó el esquema, y colocó a dos medios digitales –el liberal Axios y el trumpista Breibart News– en los asientos que normalmente ocupaba el staff de la vocería.
Breibart lleva cubriendo la Casa Blanca más de ocho años y sus periodistas no incluyen farsantes como algunos de los inventos de Ramírez Cuevas. Los briefings son dados regularmente por la vocera y ocasionalmente pueden presentarse el presidente o funcionarios. Los briefings son ejercicios de información, comunicación y propaganda. Las mañaneras son ejercicios de difusión, comunicación, información, desinformación, propaganda, ataques y, en el caso del expresidente, de gobierno. Sheinbaum trabaja todo el día; López Obrador, dormía sus siestas, jugaba beisbol y a veces hasta cumplía con algo de sus responsabilidades.
Las mañaneras no se exportaron a la Casa Blanca, como dicen sus autores intelectuales y promotores. Fueron un producto tropical de la república bananera del obradorismo, que sigue presente.

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