
Los términos políticos de la relación de Washington con América Latina han cambiado, algo que la presidenta Sheinbaum no parece comprender a cabalidad, o lo entiende, pero se niega a actuar en consecuencia.
El presidente electo de EU usa la amenaza de imponer aranceles a México como un recurso para influir en las políticas que más le importan: control de la migración y del tráfico de fentanilo.
Opinión27 de noviembre de 2024 Enrique Quintana
Trump probablemente no va a imponer un 25 por ciento de aranceles a todos los productos importados de México y Canadá, como amenazó hace un par de días.
Causaría un desastre en la economía de Estados Unidos. También en las de México y Canadá, pero eso a él no le importaría gran cosa.
Pero, es lo suficientemente astuto para no comenzar su gobierno con un desplome de su economía, lo que ocurriría con sus decisiones arancelarias.
Obviamente, usa la amenaza pública como un recurso de presión para influir en las políticas que más le importan: control de la migración y del tráfico de fentanilo.
Es la primera de las amenazas, no la única ni la última.
Ya conocemos muy bien el estilo negociador del próximo presidente de los Estados Unidos, lo vivimos cuatro años a partir de enero del 2017.
Ante el pronunciamiento de Trump hubo dos tipos de respuesta.
Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, tuvo una llamada telefónica privada el lunes por la noche.
De ella solo se reveló lo que el gobierno canadiense quiso que se revelara, enfatizando el carácter constructivo de la conversación.
La presidenta Claudia Sheinbaum hizo pública una carta que será enviada a Trump, ofreciendo argumentos respecto al esfuerzo de México para contener la migración indocumentada y el tráfico de fentanilo. Pero también señalando que ante un arancel habrá otro arancel en respuesta.
Haber hecho pública la respuesta, incluso antes de mandar la carta, tiene un aspecto positivo y otro negativo.
El positivo es que se respondió en los mismos términos recibidos, es decir, a través de una comunicación pública. Hasta donde sabemos, Trump no advirtió al gobierno mexicano lo que iba a publicar. Se le respondió en los mismos términos.
El aspecto negativo es que abrió las cartas.
Respecto al contenido de la carta, hay que subrayar dos aspectos eficaces.
El primero es apelar al interés de las empresas norteamericanas, como son sus principales tres armadoras automotrices. En la negociación, México debe convertir al sector privado de EU en su aliado.
El segundo es dejar claro que México va a responder con aranceles. No se va a quedar con los brazos cruzados, suplicando.
Y, obviamente, hay que preparar una mejor estrategia de control de la migración indocumentada y no revelarla en público, sino ofrecer resultados que sean conocidos por Trump.
Hubo a quien no le gustó el tono desafiante de la carta de la presidenta Sheinbaum.
Creo que, si no respondía en esos términos, hubiera sido como si no hubiéramos aprendido nada tras cuatro años de convivir con Trump en el pasado.
En el caso del fentanilo, y en general en el combate a los grupos de la delincuencia organizada, quizás lo más efectivo sea ofrecer resultados sin presumirlos públicamente.
Sheinbaum deberá aprender a jugar a una diplomacia en la que a veces es conveniente no exponer sus logros y en otros hacer mucho ruido con los resultados. Depende.
El juego con Trump va a ser complejo y va a exigir mucha inteligencia, flexibilidad y adaptación.
En su libro, The Art of the Deal, Trump presume que uno de sus grandes logros es ser impredescible.
Creo que a estas alturas es mucho más predescible de lo que él supone. Ya lo conocemos.
Por otra parte, tampoco hay que alarmarse por el efecto sobre el tipo de cambio.
Hay que ser conscientes de que ante declaraciones como la de Trump el lunes por la tarde, habrá sobrerreacciones, que al paso de los días tienden a corregirse. Ya lo estamos viendo.
Claro, hay que trabajar para tener respuestas frente a diversos escenarios, pero, sobre todo, saber hacer las jugadas correctas en los momentos correctos ante un personaje que nos va a quitar el sueño. Ni modo.

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El ataque de Trump puede extenderse a otros países para consolidar la hegemonía de EE UU en Occidente frente a la expansión de China

Durante mucho tiempo, muy cerca del día de los Inocentes, solía yo tener mi comida de fin de año con Don Pancho Galindo Ochoa en su mesa favorita del restaurante Campos Elíseos, ubicado a una cuadra de su edificio en la glorieta del Ángel de la Independencia.

La presidenta Claudia Sheinbaum premia a una colaboradora de antaño como Esthela Damián que habrá de tener como única agenda, y absolutamente nada más, la que la mandataria decida.

Lo que está en juego no es sólo la relación entre una presidenta y su mentor político. Es la posibilidad de que México tenga, por primera vez en siete años, un gobierno que no dependa del caudillo para tomar decisiones.





La Secretaría de Salud informa que a la 1:38 de la madrugada de este 1 de enero, en el Hospital Materno Infantil de Irapuato, nació la primera guanajuatense del año, marcando el inicio de un nuevo ciclo lleno de vida y futuro. La pequeña que llevará el nombre de Madison llegó al mundo mediante parto natural, con un peso de 2,745 gramos y una estatura de 50 centímetros.

Samantha Smith señaló que esta nueva etapa tiene como eje fortalecer la credibilidad de la corporación y cambiar la percepción ciudadana a partir del trabajo en campo, la cercanía con la gente y una actuación firme y profesional. “La seguridad se construye todos los días en la calle, con orden, disciplina, presencia y trabajo bien hecho; necesitamos una policía fuerte, cercana e incorruptible, que genere confianza en la ciudadanía”, expresó.

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Ante la insistencia sobre una eventual intervención estadunidense en territorio nacional, Sheinbaum la consideró como una posibilidad muy lejana. Destacó que México tiene una buena relación y existe un diálogo fluido entre la Secretaría de Relaciones Exteriores (“que por cierto ya regresó Juan Ramón de la Fuente al frente de la cancillería”) y el Departamento de Estado; entre las secretarías de Defensa Nacional y de Marina con el Comando Sur.

Los términos políticos de la relación de Washington con América Latina han cambiado, algo que la presidenta Sheinbaum no parece comprender a cabalidad, o lo entiende, pero se niega a actuar en consecuencia.
