Ethos Político. La implosión que deja al PVEM sin voz en Guanajuato

Renuncias en cascada evidencian la crisis interna del partido; la salida de Sergio Contreras marca el colapso de una estructura política que hoy queda a la deriva.
 
Opinión25 de marzo de 2026Héctor Andrade ChacónHéctor Andrade Chacón
Ethos Político

Lo que durante años fue un partido bisagra, pragmático hasta el extremo y con olfato para sobrevivir a cualquier coyuntura, hoy en Guanajuato parece reducido a escombros. El Partido Verde Ecologista de México ha entrado, sin matices, en una fase de extinción política en Guanajuato.

La renuncia de Sergio Contreras Guerrero —operador central, exdirigente estatal y hasta hace unos días coordinador parlamentario— no es un episodio más: es el punto de quiebre. Su salida, ocurrida este martes, no solo deja al Verde sin su figura más experimentada, sino que consuma la desaparición de su representación en el Congreso del Estado, tras la previa dimisión de Itzel Mendo en febrero.

Sin bancada, sin liderazgo y sin narrativa propia, el Verde deja de existir como fuerza legislativa en Guanajuato.

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Pero el golpe no se detiene ahí. A la salida de Contreras se suma la renuncia de Gerardo Fernández González —exdiputado local y excandidato a la alcaldía de León—, además de una desbandada de cuadros municipales y regidores en distintos ayuntamientos, lo que configura algo más profundo que una crisis: una desarticulación total de su estructura territorial. Meses antes, la exdiputada Vanessa Sánchez Cordero, renunció al partido y acusó que la actual dirigencia habñia sido impuesta de forma antidemocrática y sin escucharse a la militancia en Guanajuato.

Lo que se observa no es una simple fuga de militantes, sino el abandono de quienes sostenían al partido en tierra.

En el centro de esta implosión aparece el nombre de la senadora Virginia Magaña Fonseca, actual dirigente estatal. Su liderazgo, lejos de consolidar al partido, ha sido señalado por actores internos como factor de ruptura: intransigencia, falta de respeto al trabajo legislativo y una conducción orientada más hacia intereses externos que hacia la cohesión interna.

El pasado domingo, Sergio Contreras se reunió con Magaña Fonseca, ahí le externó que se iba del Verde. El momento fue ríspido, con las cortesías del diputado local contrastando el estilo confrontativo, hasta de desdén, de la dirigente verde. No fue posible encontrar en la mesa puntos de acuerdo, sintonía en el proyecto, ni siquiera un tanto de sensibilidad en la novel dirigente verde para encontrarle salida al asunto; antes quiso meter hasta mano en el manejo administrativo de la bancada verde, reclamo que mantuvo hasta el último momento.  

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En este contexto, no es menor el señalamiento de Virginia Magaña de alta cercanía política con su compañero senador, Ricardo Sheffield Padilla, figura de Morena en el estado, en un contexto donde el Verde parece haber renunciado —de facto— a construir una identidad propia. Ella acusa empanizamiento de sus excompañeros, pero su matiz es más guida que verde actualmente, además de que no se le conoce operando en tierra en los municipios guanajuatenses, de ahí que sus críticos al interior del Verde, los que quedan, no saben cómo articulará una posible reconstrucción. 

Lo que queda es un partido sin proyecto, orbitando en torno a otra fuerza política.

El Verde en Guanajuato apostó durante años por el pragmatismo. Supo jugar solo, coquetear con alianzas y construir liderazgos locales. Pero hoy, esa lógica parece haber mutado en subordinación.

La narrativa interna es clara: la dirigencia ha privilegiado la cercanía con Morena por encima de su propia estructura. Y cuando un partido deja de representar a sus propios cuadros, estos simplemente se van.

No hay ideología que sostenga lo que no tiene operación.

La salida de Sergio Contreras no ocurrió en cualquier momento. Se dio en plena Glosa del Segundo Informe de Gobierno de Libia Dennise García Muñoz Ledo, en el Congreso del Estado. Y eso no es menor.

La renuncia vino a aderezar —y a tensar— un escenario legislativo que ya de por sí es altamente político. La desaparición del Verde como grupo parlamentario reconfigura los equilibrios, pero también desnuda la fragilidad de los partidos pequeños frente a dinámicas de poder más amplias.

¿Qué queda del Verde?

Hoy, el PVEM en Guanajuato enfrenta un vacío total: sin diputados, sin estructura municipal sólida, sin operadores políticos, sin liderazgo reconocido. Y, quizás lo más grave, sin ruta de reconstrucción visible. ¿Tiene idea de sus futuros aspirantes a cargos de elección popular en 2027? 

Pensar en una recuperación autónoma luce, en el mejor de los casos, ingenuo. La dirigencia actual no ha mostrado ni experiencia ni capacidad de operación territorial para recomponer lo perdido.

Ante este panorama, la salida más probable no es la reconstrucción, sino la absorción. Eso sí, se vislumbra que la alianza estatal con Morena será un hecho.

En la ruta, el Verde podría terminar convertido en una franquicia política al servicio de Morena en Guanajuato, en medio —paradójicamente— de las propias pugnas internas del morenismo local. Es decir, no solo se diluye: se diluye en un terreno inestable. Inclusive ser una franquicia política al servicio de un grupo de Morena o su seguro de vida.

El Partido Verde en Guanajuato fue, durante años, un actor incómodo pero necesario. Hoy es un cascarón vacío.

Su caída no fue producto de un golpe externo, sino de una implosión interna: decisiones erráticas, liderazgos débiles y una apuesta fallida por la subordinación política.

En política, desaparecer no siempre implica perder elecciones. A veces basta con dejar de tener identidad.

Y eso, exactamente, es lo que le ocurrió al Verde.

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