
Sheinbaum se reunirá con Xi Jinping en China durante la cumbre de la APEC

La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha confirmado este jueves que se reunirá con su homólogo chino, Xi Jinping, durante el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC). La mandataria, que viajará el próximo 15 de noviembre a la ciudad de Shenzen, sede de la cumbre, ha adelantado que también buscará un encuentro con el estadounidense Donald Trump, en caso de que el republicano asista al evento.
La visita de Sheinbaum se enmarca en un momento de tensión entre México y China. El país latinoamericano impuso aranceles al gigante asiático ―entre ellos, un 51,6% a la nuez pecana― bajo la mirada atenta de la Casa Blanca. La relación entre Ciudad de México y Pekín ha dado un giro drástico como consecuencia de la presión de Washington, que busca frenar el tráfico de precursores químicos para producir fentanilo.
“Sí, va a haber una reunión bilateral con el Gobierno de China, con el presidente de China, con secretarios del Gobierno de China y el Gobierno de México”, ha afirmado la mandataria durante su conferencia de prensa matutina. La presencia de Sheinbaum en la cumbre es llamativa. Tanto ella como su predecesor, Andrés Manuel López Obrador, se han caracterizado por viajar poco al extranjero. De hecho, la presidenta no asistió a la XXX Cumbre Iberoamericana en Madrid.
Su visita a China no es solo una coincidencia. México será sede de la cumbre dentro de dos años. “La APEC la recibe México en 2028, entonces voy a ir a China en noviembre porque ahí vamos a recibir la estafeta”, adelantó la presidenta en septiembre. El foro se realizará el 18 y el 19 de noviembre. La mandataria volverá al país el 20 del mismo mes para participar en las celebraciones por el aniversario de la Revolución mexicana.
Más allá de formalismos, la presencia de Sheinbaum en China ―su séptimo viaje al extranjero desde que asumió la Presidencia, en 2024― servirá para limar asperezas con un país con el que, hasta hace poco, mantenía una buena relación. Pero la sombra de Estados Unidos, su principal socio comercial y con quien comparte más de 3.000 kilómetros de frontera, lo ha condicionado todo.
El Gobierno de Sheinbaum impuso el año pasado aranceles del 50% a automóviles y otros productos del gigante asiático. Pekín no lo ha tomado bien. Aunque se ha limitado a pedir que las medidas se echen abajo con un lenguaje poco agresivo ―eso sí: calificó las tarifas como “coercitivas”―.
La presidenta ha tenido que andar sobre arenas movedizas. Por un lado, ha lanzado señales de buena voluntad y cooperación con Trump para evitar una confrontación directa con Washington, que ha acusado varias veces a los carteles mexicanos de fabricar fentanilo a partir de precursores importados desde China. Y, por otro, ha buscado que las relaciones históricas con Pekín sigan por buen camino.
Sheinbaum ha defendido la decisión de imponer aranceles sin dejar de valorar los lazos con China. “Tenemos una muy buena relación y queremos seguir teniéndola”, aseguró en septiembre de 2025. La medida ha sido vista como un guiño en medio de las siempre complicadas negociaciones para mantener a flote el tratado comercial de Norteamérica (TMEC) con Estados Unidos y Canadá.


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