
Ethos Político. Lorena Alfaro: cinco años de gobierno, un legado en construcción
Héctor Andrade Chacón
Irapuato está por llegar a una nueva cita con la rendición de cuentas. En vísperas de su segundo informe de gobierno de este periodo, Lorena Alfaro García enfrenta una circunstancia que merece una lectura más allá de la estridencia política: la violencia que golpea a la ciudad ha colocado a su administración bajo una intensa presión, pero al mismo tiempo existe una agenda de infraestructura, desarrollo y atención social que conviene observar en toda su dimensión.
La oposición morenista ha encontrado en los hechos violentos un ariete para golpear políticamente a la alcaldesa. Desde luego, la inseguridad es un asunto legítimo de exigencia ciudadana, frente al cual ninguna autoridad puede declararse ajena. Sin embargo, convertir cada episodio criminal en una herramienta de confrontación partidista termina por reducir un problema complejo a una disputa de responsabilidades electorales. Porque la realidad es que la violencia vinculada con el crimen organizado no se resuelve desde una sola oficina ni puede medirse exclusivamente por las capacidades de una policía preventiva municipal.
El marco constitucional mexicano establece competencias diferenciadas y concurrentes en materia de seguridad pública. La Federación tiene atribuciones fundamentales frente a la delincuencia organizada, mientras que el estado y los municipios también tienen responsabilidades legales en la prevención, la seguridad pública y la protección de sus comunidades. Las capacidades operativas, de inteligencia y de investigación tampoco son equivalentes entre los distintos órdenes de gobierno.
Por eso, exigir resultados a Lorena Alfaro es legítimo; pretender que el municipio, por sí solo, resuelva un fenómeno criminal de alcance regional y nacional, no lo es.

La seguridad debe asumirse como un problema de Estado, con coordinación, inteligencia, investigación, prevención y responsabilidades claramente delimitadas. La confrontación política puede ofrecer dividendos inmediatos, pero difícilmente devuelve la tranquilidad a las familias.
Y aquí aparece uno de los aspectos que merecen mayor atención en el trabajo de la alcaldesa: la convicción de que la seguridad también se construye desde la prevención del delito, la convivencia y la recuperación del tejido social.
La apuesta por sumar a la sociedad civil, abrir espacios de diálogo y formular políticas públicas con participación ciudadana representa una vertiente indispensable para atender las causas sociales de la violencia. No sustituye la obligación de perseguir los delitos ni las tareas de las corporaciones policiales, pero sí permite trabajar desde el ámbito municipal en la reconstrucción de comunidades y en la recuperación de espacios para la convivencia.
Es una tarea que exige continuidad, evaluación y resultados; una labor cuyos frutos no siempre se reflejan de inmediato en las estadísticas, pero que tampoco puede quedar fuera de la discusión pública sobre seguridad.
Las obras también cuentan
Mientras el debate político se concentra en la inseguridad, Irapuato ha mantenido una agenda de inversión y modernización que merece ser revisada con datos.
En materia hidráulica, por ejemplo, la administración de Lorena Alfaro ha impulsado acciones que van desde la rehabilitación de redes y pozos hasta la incorporación de tecnología para mejorar la operación del sistema.
Una de las noticias recientes publicadas por Paralelo X da cuenta de la modernización de JAPAMI, con una plataforma de control remoto denominada IAgua, un catastro digital de infraestructura y una red de 168 sensores de presión para monitorear el comportamiento de las redes, pozos y tanques de almacenamiento. El organismo reporta también una cobertura de micromedición del 99 por ciento, luego de sustituir más de 31 mil medidores antiguos.

No se trata solamente de tuberías, válvulas o equipos de bombeo. Se trata de la capacidad de una ciudad para administrar un recurso cada vez más estratégico, detectar fallas con oportunidad y planear sus necesidades futuras. En las comunidades rurales también se han impulsado acciones concretas. En junio, el Gobierno Municipal informó sobre la entrega de bombas de cloración para 21 localidades, con un beneficio directo estimado en más de 28 mil habitantes.
Son intervenciones que quizá no tengan el estruendo de la disputa política, pero inciden en la vida cotidiana de miles de familias.
La infraestructura vial y urbana constituye otro de los frentes de trabajo. El programa “Irapuato Avanza: Obras que Transforman”, presentado en septiembre, contempla proyectos como el puente de la Bimbo, la rehabilitación de las Fuentes Danzarinas, la intervención del Mercado Miguel Hidalgo, el parque lineal Río Silao y mejoras en distintas vialidades.
Son proyectos que buscan mejorar la movilidad, recuperar espacios públicos y fortalecer la conectividad de una ciudad que requiere infraestructura acorde con su importancia económica y con las necesidades de una población en crecimiento. En esa misma lógica se inscriben las acciones de atención social en colonias y comunidades, donde el acercamiento con los habitantes permite identificar rezagos en servicios básicos, alumbrado, drenaje, pavimentación y recuperación de espacios públicos.
El caso de la colonia Urbi, donde autoridades municipales y vecinos establecieron una ruta de trabajo para avanzar en su regularización y atender necesidades de infraestructura, ilustra la importancia de vincular la gestión administrativa con las demandas concretas de la población.
La agenda de gobierno no se agota en la obra pública. En educación, el programa BECASÍ representa una apuesta por respaldar a estudiantes y contribuir a que más jóvenes permanezcan en las aulas. La propia campaña informativa del segundo informe lo coloca entre las acciones centrales de la administración.
En una ciudad cuya vocación industrial y agroalimentaria constituye uno de sus principales activos, el impulso a la economía también resulta fundamental. La articulación de programas para el desarrollo industrial y del campo, junto con las acciones de infraestructura, forma parte de una visión que busca sostener la actividad productiva y ampliar las oportunidades para las familias irapuatenses.
A ello se suman la promoción turística y cultural, así como el impulso a las actividades deportivas, rubros que contribuyen a fortalecer la identidad de la ciudad y a generar espacios de encuentro comunitario.
El balance, por supuesto, no debe construirse a partir de anuncios ni de la simple enumeración de programas. Toda obra pública requiere seguimiento, transparencia y evaluación de sus beneficios. Cada programa debe demostrar que los recursos se traducen en resultados y que las necesidades de la población son atendidas de manera efectiva.
Pero tampoco sería serio ignorar el conjunto de acciones emprendidas y reducir toda una administración a sus problemas más visibles.
La primera mujer al frente de Irapuato
Hay, además, una dimensión que no debe perderse en esta revisión: Lorena Alfaro es la primera mujer que ha encabezado el Gobierno Municipal de Irapuato.
Su condición de mujer no la coloca fuera del escrutinio público, ni debe convertirse en un argumento para eximirla de responsabilidades. Pero tampoco puede pasarse por alto que, en medio de la crítica política, ha enfrentado expresiones y agresiones que apelan precisamente a esa condición.
La crítica a una gobernante debe concentrarse en sus decisiones, sus resultados y sus responsabilidades. Cuando se traslada al terreno de la descalificación por género, deja de ser una discusión sobre políticas públicas para convertirse en una expresión de desigualdad que no debería tener cabida en la vida democrática.

Alfaro ha debido gobernar bajo una presión política intensa, en un contexto donde la inseguridad ha marcado la conversación pública. Y, al mismo tiempo, ha mantenido una agenda de obras, servicios y programas que busca responder a las necesidades de una ciudad compleja.
Reconocerlo no significa sostener que todo está resuelto. Significa admitir que el desempeño de una administración debe evaluarse en su conjunto, con sus avances, sus errores y sus asignaturas pendientes.
Cinco años de ruta y uno para cerrar el ciclo
La trayectoria de Lorena Alfaro al frente de Irapuato ya suma cinco años, considerando su primer periodo y el actual. En un año deberá dejar la Presidencia Municipal, conforme al calendario de su mandato.
Ese horizonte obliga a mirar más allá del segundo informe. La pregunta ya no es solamente qué obras se han realizado o qué programas se han puesto en marcha, sino cuáles de ellos lograrán consolidarse como políticas duraderas y qué legado dejará la primera mujer que gobernó la segunda ciudad más importante de Guanajuato.
La alcaldesa cuenta, además, con experiencia legislativa y una trayectoria amplia en la administración pública. Son antecedentes que forman parte de su capital político y que podrían mantenerla como una figura relevante en el escenario estatal una vez que concluya su responsabilidad municipal.
En ese contexto, la gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo tendrá ante sí la posibilidad de aprovechar la experiencia acumulada por Alfaro en el servicio público. El PAN guanajuatense cuenta con perfiles que han recorrido distintos espacios de responsabilidad y cuya trayectoria puede ser relevante para los desafíos políticos y administrativos del estado.
Lo que venga después dependerá de las decisiones de ambas, de las circunstancias políticas y de los proyectos que puedan construirse. Pero sería prematuro dar por concluida la trayectoria pública de una alcaldesa que todavía tiene un año de gobierno por delante.
El legado se construye hasta el último día. Irapuato enfrenta retos importantes. La inseguridad continúa siendo una preocupación central; existen rezagos y necesidades que requieren atención, y la administración municipal no está exenta de errores que deben reconocerse y corregirse.
Pero en la víspera de un nuevo informe, también es necesario reconocer que la ciudad ha mantenido una agenda de transformación en infraestructura hidráulica, movilidad, servicios, educación, desarrollo económico y atención social.
La discusión política será más útil para Irapuato cuando deje de buscar culpables exclusivos y se concentre en exigir resultados a cada autoridad dentro de sus atribuciones. La Federación debe responder por las responsabilidades que le corresponden; el estado, por las suyas; y el municipio, por la seguridad preventiva, los servicios y la reconstrucción de la convivencia comunitaria que están a su alcance.
Lorena Alfaro tiene todavía un año para consolidar proyectos, corregir errores y fortalecer una estrategia de seguridad que necesita de la sociedad y de los otros órdenes de gobierno.
Cinco años después de asumir la responsabilidad de conducir los destinos de Irapuato, su legado permanece en construcción. Y será la capacidad de convertir las obras, los programas y los esfuerzos de reconstrucción social en beneficios duraderos para las familias lo que terminará por darle dimensión a su paso por la Presidencia Municipal.
Porque, al final, la política puede convertir la violencia en un instrumento de confrontación. Gobernar, en cambio, exige trabajar para que la tranquilidad, el desarrollo y las oportunidades sean una realidad cotidiana para la gente.


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