
Presidencia con dos esquinas rotas

Días después de que la hoy presidenta Claudia Sheinbaum recibiera el bastón de mando la vi en el que entonces era su búnker. Con otras dos personas tomamos un café. En un momento en que nos quedamos ella y yo, le dije que me habían causado gracia unas fotografías de los gobernadores morenistas con ella en ocasión de haberse convertido en la virtual candidata presidencial.
Se me quedó mirando con gesto grave. Me expliqué: la cara de las y los mandatarios estatales que la visitaron era larga, nada de rictus placentero; y yo atribuí esas expresiones a que estaban siendo sermoneados. No saben lo que les espera, no han conocido exigencia igual en sus carreras, agregué. Me reservo lo que dijo ella, en un encuentro de esos uno es dueño de sus palabras, no de las de otros.
Mi apreciación de eso, ocurrido hace casi tres años, ha envejecido mal. Tiene dos esquinas rotas.
Por un lado, la presidenta de la República no ha hecho que sus colaboradores sigan la dedicación que ella despliega en casi todos sus actos públicos. El tesón que emplea en sacar adelante su agenda es aliento solitario, un repicar de laboriosa campana que en todas las entidades donde cualquiera de esos gobernantes que en 2023 la felicitaron se pierde sin que nadie lo imite, menos replique.
Por el otro, está la sobriedad con que encarna el modo obradorista de conducirse. Desde la “cabeza fría” hasta su presencia pública. Ha encontrado un estilo que le sienta. Su vestir, su proceder, es propio y hasta notable en buen gusto. ¿Quién dijo que la justa medianía estaba condenada a lo rascuche o a lo fantoche? Y por eso mismo contrastan más los excesos, desfiguros y derroches de tantos en su movimiento.
Así que si aquella reunión de septiembre de 2023 fue para fijar reglas de forma y fondo, casi tres años después hay una presidenta que en su apostolado de segundo piso obradorista va por un lado, y por otro la nutrida y revuelta cauda de esos que, en pocas palabras, son todo menos imitadores de la dedicación y austeridad de la que se ganó el derecho a llevar un bastón que, pregunta obligada, ¿manda?
Y el problema va desde luego mucho más allá de las y los gobernadores. Está por ejemplo el caso de la cónsul México en Houston, Texas. Antes de pasar al personaje en cuestión, es obligado ubicar el contexto de este caso.
La administración Trump ha acelerado su impulso antiinmigrante. Los escándalos domésticos por excesos y abusos del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) que incluso costaron vidas de estadounidenses han mutado a una discreción que no es menos sino más efectiva al detener con lujo de discrecionalidad a migrantes. Entre las víctimas de esa nueva ola hay mexicanos deportados y muertos.
En ese contexto, el 7 de julio en la zona de Houston llamada Magnolia Park fue asesinado el mexicano Lorenzo Salgado Araujo, de 52 años de edad, padre ejemplar y quien estaba desarmado. Las autoridades de Estados Unidos no han podido demostrar que representara una amenaza para los agentes del ICE que lo ultimaron, así sostengan que con su vehículo quiso dañarlos. Un salvaje e indignante operativo.
El gobierno de México ha resuelto que la muerte de Salgado Araujo marque un precedente. Y la cancillería ha iniciado los procedimientos para demandar penalmente a las autoridades de Estados Unidos a fin de investigar y castigar los excesos o delitos que hayan ocurrido en la muerte de catorce connacionales fallecidos en custodia del gobierno de EEUU y de tres, incluido el caso de Houston, en operativos.
Se tratará de una batalla compleja y delicada. La diplomacia levanta la voz en defensa de los migrantes mexicanos fallecidos, y de la comunidad en general para evitar nuevos excesos o fatalidades, mientras Washington atiza la persecución de políticos mexicanos sospechosos de nexos criminales. La presidenta Sheinbaum merece estar acompañada de las mejores manos y mentes en esa empresa.
Por eso es tan desconcertante el actuar de la cónsul de México en Houston María Elena Orantes. Ella fue nombrada en esa ciudad texana en la primavera de 2023. Con tres años en el consulado, tiene todo (nadie le puede decir recién llegada) para encabezar la defensa de la comunidad mexicana. Pero la semana pasada pareció que más importante para ella era celebrar en Chiapas su cumpleaños.
La periodista basada en Estados Unidos Dolia Estévez divulgó datos relacionados al festejo de Orantes en su tierra natal. Y por el contrario, señaló que ni se hizo presente en Houston (por estar de vacaciones) para atender directamente a la familia de Salgado Araujo y a una comunidad mexicoamericana en shock, ni mucho menos fue discreta en los festejos por su onomástico. De hecho, testimonios chiapanecos me cuentan que en el tradicional restaurante Señorial de Tuxtla Gutiérrez había reservado el viernes varias mesas a su nombre.
Orantes —que fue prianista y luego emecista previo a su cargo diplomático— combina su labor de cónsul con la presidencia internacional de una organización llamada 50 más 1, que le implica giras y otras actividades. Esto no lo desconoce la presidenta Sheinbaum, pues hace justo un mes, el 17 de junio, en la mañanera le denunciaron que la chiapaneca dobletea, viajes a Europa incluidos.
“De ser cierto lo que comentas”, le dijo Sheinbaum a quien le presentó el caso, “está muy mal, muy mal, porque los consulados no son ni para promoción personal, ni para de un partido político, o de una organización. Los consulados, su primera función, es apoyar a los hermanos migrantes, su primera, y además tienen otras tareas establecidas, así que no está bien, de ningún cónsul, de ningún embajador, que se haga una promoción personal o de alguna asociación civil. Entonces, ahí seguro está tomando nota el secretario de Relaciones Exteriores para hacer un llamado de atención”.
Un mes después, cuando ICE mató a un migrante en Houston, Orantes ni vía remota coordinó, según testimonios, los trabajos del consulado que tiene encargado por Sheinbaum y Roberto Velasco, secretario de Relaciones Exteriores.
Botón de muestra que sintetiza que la ética de trabajo de Sheinbaum es muy suya y si acaso de unos cuantos más en su entorno, pero no filosofía general en espacios tan caros para la presidenta como la atención a migrantes; y lo mismo se puede decir de la contención y mesura: la mandataria no ha descansado prácticamente ni una semana en casi dos años, su cónsul Orantes ni interrumpe su vacación cuando matan a un mexicano en su circunscripción.
Leí mal las fotografías de gobernadores circunspectos en aquella fecha del bastón de mando a Claudia Sheinbaum. Ni ellos, ni muchos más, le siguen en sus esfuerzos, la toman como ejemplo, le honran diariamente como quien dice, si la presidenta no se lo permite, yo menos, si ella no se cansa, yo cuál derecho a descansar. Qué va. Ella en Palacio es disciplinada, todo el resto es una pachanga.




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