La alineación 2030 de Sheinbaum

La presidenta necesita colaboradores de primer nivel para el cierre de su sexenio. A partir de 2028 requiere de una estructura funcional, clave para afianzar una eficacia.
Opinión24 de junio de 2026 Salvador Camarena
Salvador Camarena

Con todas las de la ley, Claudia Sheinbaum puede decir que cuando ella arribó a la presidencia, Rocha ya estaba ahí; lo mismo Américo, y Marina del Pilar, y Gallardo… hasta Layda. Esos gobernadores, que terminan su periodo en 2027, también fueron parte de la herencia de López Obrador, y lo bueno para la mandataria es que ya se van. Lo malo es que, de sus eventuales remplazos, ella sí tendrá que dar cuentas.

Sheinbaum lidia con mandatarios estatales que poco ayudan y mucho estorban. Rubén Rocha, ejecutivo en Sinaloa con licencia, es el más prístino ejemplo de personajes incómodos para la actual presidencia. Pero no es el único. Con prolijos detalles o etéreas filtraciones, en la prensa se ha asegurado que Estados Unidos pretende a la mandataria de Baja California, o al de Tamaulipas, o al de Michoacán, o al potosino... etc.

Varios de esos candidateados como objetivos de Washington se van en cosa de un año. Una nueva camada llegará a reemplazarles y los momios indican que en principio Morena tiene amplia oportunidad de retener sus gubernaturas. De ahí que el proceso que arrancó esta semana, cuando decenas de aspirantes se apuntaron a la interna morenista para 16 candidaturas estatales, sea crucial para Claudia.

Cuando en 2030 la presidenta deje su puesto, tras de sí quedarán en cargos de gubernatura muchas y muchos de los que en las próximas semanas veremos hacer una campaña, que no puede llevar ese nombre, para quedarse con el banderín de representante de Morena en su estado. Morena y Sheinbaum enfrentan una prueba de fuego en varias etapas, una pugna que no puede derivar en guerra fratricida.

Citlalli Hernández dijo hace poco en varios espacios mediáticos que en Morena cohabitan al menos dos maneras de pensar. La exsecretaria de las Mujeres y cuadro indispensable en el partido, luego de la defenestración de Luisa María Alcalde y Andy López Beltrán, expuso que hay quienes buscan hacer una verdadera diferencia política, basada en los principios, y aquellos que se guían por un “todo vale”.

Si esa pugna de métodos tiene un momento y un espacio para aflorar, es en la selección de los pre-precandidatos morenistas. Llegó el momento de medir fuerzas. El hecho de que el mecanismo de selección incluya encuestas no garantiza veredictos donde la fotografía, como en el hipódromo, determine quién gana, así sea por un pelo. La autoridad presidencial tendrá peso a la hora de la verdad.

De lo que no hay duda es de la responsabilidad de la presidenta en que el proceso se dirima con los menores costos posibles. Citlalli fue la primera cuña que meses atrás Claudia metió al partido, en el que ya había decidido que fuera presidido por Ariadna Montiel, como posteriormente se formalizó. Ambas pasaron del Gabinete a Morena y, si bien obradoristas de tiempo atrás, ambas responden hoy a Palacio.

El filtro formal es apenas el principio del reto para Sheinbaum. Que tenga ya una dirigencia a su alcance en el partido la obliga aún más a que los acuerdos se trabajen y forjen sin que las fisuras, y menos aún las fracturas, pongan en riesgo alguno de los estados que hoy tienen, o alguno que aspiran a ganar por vez primera, como Chihuahua. Cada una de las 17 candidaturas es un potencial dolor de cabeza.

La presidenta necesita colaboradores de primer nivel para el cierre de su sexenio. Ello es así para todos los espacios de su gabinete y en las gubernaturas. Si el arranque de la administración ha sido para ella como jugar Jenga, quitar piezas sin que caiga el tembleque armazón dejado por Andrés Manuel, a partir de 2028 necesita una estructura firme y funcional, y las piezas de recambio en la media República que estará en juego resultan clave para afianzar una eficacia.

Qué malabares harán las operadoras de la presidenta en el partido para conjugar la planilla que mejores posibilidades tenga cuando lleguen las campañas legales, al tiempo que definen que sean buenos prospectos para asumir las labores ejecutivas de su función. ¿Qué tanto usarán la UIF, el SAT y la FGR la sensibilidad política para bajar a quien puede ser el siguiente compañero incómodo?

Llegó la hora de hacer salchichas a la manera de Sheinbaum. Coincidencia con el perfil de la presidenta técnica y una identificación con su fama de honesta sería lo esperable. Pero no se trata de nombrar procónsules, sino de establecer un marco donde los liderazgos con verdadero arraigo y buena perspectiva de operación administrativa contribuyan a consolidar eso que llaman segundo piso. Vaya combinación, la que se requiere, en un movimiento que se jactaba de que la lealtad sustituía prácticamente toda otra cualidad.

El experimento no luce sencillo. Ha de cuidarse además que quienes lleguen ni cobren facturas a quienes reemplazarán, ni se sometan a intentos de supeditación de los salientes. La disciplina priista funcionó como antídoto para conjurar esos escenarios; lo mismo, la opción de dar premios en el gabinete, o senadurías cuando la elección coincide con la renovación de Cámara Alta. ¿Qué premios habrá ahora, sin escaños —ni, para el caso, apetecibles embajadas— como válvulas de escape?

En el intento por disfrazar de actualidad el puesto en juego, al nombre fachada de estas candidaturas le han agregado algo así como defensores de la soberanía. Vale. Ya cambió la presidenta leyes constitucionales y electorales para asegurarse control antes y después de los comicios con cláusulas de nulidad por supuestas injerencias extranjeras. Con todo ese apaño y muñequeo legislativo, lo menos que habría que esperar es que los 16 candidatos (porque si se entrega el Estado 17 al Verde, en San Luis Potosí Morena claudica de saque) al menos sean presentables, probos y eventualmente eficientes. Si no, no se parecerán a Claudia, así sea su alineación para la segunda mitad.

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