
Coordenadas. Solo un respiro
Quien confunda un alto al fuego con el fin de la guerra está leyendo mal el tablero. Lo que se pactó anoche es una pausa operativa, no un acuerdo de paz.

Trump aceptó la tregua. Pakistán medió, Irán accedió a abrir el estrecho de Ormuz por dos semanas y los mercados celebraron: el WTI se desplomó casi 16 por ciento en unas horas, los futuros del S&P 500 saltaron más de 2.5 por ciento y los del Dow Jones subieron mil puntos.
Pero, quien confunda un alto al fuego con el fin de la guerra está leyendo mal el tablero.
Lo que se pactó anoche es una pausa operativa, no un acuerdo de paz. Según Axios, las negociaciones directas entre Washington y Teherán arrancarán el viernes en Islamabad, con el vicepresidente Vance al frente de la delegación estadounidense. Sobre la mesa quedan las diferencias de fondo: el futuro del programa nuclear iraní, el papel de los grupos armados que Irán financia en Líbano e Irak, la reapertura permanente del estrecho sin cobro de peajes y el levantamiento de sanciones.
Irán presentó una contrapropuesta de diez puntos que Trump calificó como “negociable”. Pero entre una base negociable y un tratado firmado hay un abismo.
Hay, además, un actor que el optimismo del mercado tiende a ignorar: Israel. Según el Times de Israel, Netanyahu presionó a Trump el domingo para que no aceptara un alto al fuego en esta etapa. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ha dicho que las operaciones contra Hezbolá en Líbano no se detendrán aunque se alcance una tregua con Irán.
Si Israel sigue atacando infraestructura iraní o a sus aliados durante las negociaciones, la tregua podría colapsar antes de que Vance aterrice en Islamabad.
Veamos los escenarios posibles.
El primero es que la tregua desemboque en un acuerdo amplio. Irán ha señalado que aceptará el fin de la guerra solo si Estados Unidos acepta los principios de su plan de diez puntos y los detalles se finalizan en las negociaciones.
Si ambas partes ceden lo suficiente, dos semanas podrían bastar para cerrar un marco general. Pero incluso en ese caso, el alivio energético será lento. Eurasia Group estima que la reparación de refinerías y la infraestructura dañada en el Golfo Pérsico tomará meses, y que las navieras necesitarán al menos ocho semanas para reanudar entregas normales de crudo a Asia desde sus fondeaderos actuales en Singapur. En otras palabras: aunque la diplomacia funcione, la gasolina no va a bajar mañana.
El segundo escenario —y el más probable— es que las dos semanas se conviertan en cuatro, luego en ocho. Que ningún bando quiera volver a las hostilidades, pero tampoco logre cerrar un pacto definitivo.
Según la firma especializada de Canadá, BCA Research, el mundo ha perdido entre 4.5 y 5 millones de barriles diarios por la guerra, y esa cifra podría duplicarse si la situación no se resuelve, convirtiéndose en la mayor pérdida de suministro de crudo registrada en la historia.
La Agencia Internacional de Energía ya describió esta crisis como la mayor disrupción de suministro en la historia del mercado petrolero. Un limbo prolongado no solo mantendría elevados los precios del barril; encarecería el combustible de aviación —que ya cotiza en máximos históricos—, los fertilizantes que transitan por Ormuz —cerca de 30 por ciento del comercio mundial— y los fletes marítimos. Eso se traduce, para cualquier familia, en boletos de avión más caros, alimentos más costosos y una inflación que no cede.
El tercer escenario es el colapso. Irán ha propuesto cobrar un peaje de dos millones de dólares por buque que cruce el estrecho, condición que Washington ha calificado de inaceptable. Teherán rechazó previamente una propuesta de alto al fuego de 45 días presentada por mediadores egipcios, paquistaníes y turcos, insistiendo en una solución permanente.
Si las conversaciones de Islamabad fracasan, las reservas estratégicas de emergencia —400 millones de barriles liberados por 32 países— estarán ya parcialmente agotadas y habrá menos colchón para amortiguar el golpe. Incluso tras el desplome en precios de anoche, el crudo estadounidense acumula un alza superior al 70 por ciento en lo que va del año.
Un regreso a los bombardeos podría empujar el barril muy por encima de los máximos recientes, según advierten analistas de Rapidan Energy, prestigiada consultora en materia energética.
Para México, la ecuación es riesgosa. La mezcla mexicana pasó de los 54.9 dólares por barril que proyectaba el Presupuesto de Egresos a 93 dólares, un salto del 70 por ciento.
Pero, el país importa alrededor de la mitad de la gasolina que consume. BBVA estima que, si los precios de la gasolina en Estados Unidos siguen subiendo, México podría perder recaudación hasta por 38 mil millones de pesos menos por el IEPS a combustibles, erosionando la ganancia petrolera. Es el espejismo clásico del país exportador que no refina lo suficiente: gana por un bolsillo y pierde por el otro.
En resumen, los hechos de ayer fueron un respiro. Necesario, bienvenido, pero no suficiente.
Los próximos catorce días definirán si estamos ante el principio del fin o apenas ante una tregua que, como tantas en esta guerra, se podría consumir antes de dar frutos.



Donald Trump pidió la salida de Juan Ramón; ahora va tras Moctezuma



Por primera vez se ofrecerá atención especializada a personas neurodivergentes en Silao

San Miguel de Allende cierra la Semana Santa con saldo blanco
Esto se logró como resultado del operativo especial implementado del 26 de marzo al 5 de abril por el Gobierno Municipal que encabeza el presidente Mauricio Trejo, a través de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, con despliegue total del estado de fuerza y coordinación permanente con instancias de los tres órdenes de gobierno.

Servicios Públicos Municipales atiende reportes de la población tras las lluvias y fuertes vientos en Irapuato



