
Río de Janeiro se sumergió ayer en su ritual más esperado, con el que muestra al mundo que su carnaval no tiene parangón y hace temblar de euforia el Sambódromo durante dos días de desfiles de sus escuelas. Después de un año entero de arduo trabajo y ensayos técnicos, cada una de las 12 escuelas competidoras espera convencer al jurado de que es la mejor en el arte de bailar samba.






