El pantano del gobernador Lemus

El político de Movimiento Ciudadano tenía la cabeza puesta en las elecciones de 2027 hasta que le estalló la crisis del agua, un problema que ya prometió resolver en la campaña de 2024.
 
Opinión14 de octubre de 2026 Salvador Camarena
Salvador Camarena

Pablo Lemus (1969) convirtió una crisis hídrica en tempestad política. Con decisiones indolentes y temerarias, el gobernador de Jalisco, que en siete semanas cumple dos años en el cargo, cavó un foso donde se anega la viabilidad de su Gobierno. En unos cuantos días pasó de aliado de la presidenta Sheinbaum a ser emplazado por esta a explicar la represión contra manifestantes. Su futuro está hoy en un pantano.

Lemus es un pasajero accidental de la política. Hasta 2011 su perfil era eminentemente empresarial. Es hijo de una familia conocida en Guadalajara, pues era dueña de una concurrida cadena de tiendas donde se vendían instrumentos musicales, discos y casetes. Estudió Administración de Empresas en el ITESO, institución jesuita con fuertes lazos con los emprendedores jaliscienses.

Dado al ejercicio y ágil de labia, hace dos décadas Lemus se convierte en dinámico representante de la patronal jalisciense. Hacia 2012, el PAN, que gobernó tres sexenios esa entidad del Occidente del país, acusaba desgaste; y si bien en las elecciones de ese año el PRI, impulsado por Peña Nieto, ganó la gubernatura, Jalisco ya demandaba nuevas alternativas. Ahí comienza a despegar Movimiento Ciudadano.

Enrique Alfaro, antecesor de Lemus, es un cuadro de otra madera. Hijo de exdirigente estudiantil y exrector universitario, desde la cuna tuvo formación política. Fue alcalde de Tlajomulco y de Guadalajara y, entre 2018 y 2024, mandatario estatal. Dueño de una personalidad recia (o abrasiva, según a quien se pregunte), Alfaro no pudo dejar a alguien de su entera hechura en el cargo porque Lemus se le coló tras dos periodos como edil de Zapopan y uno en la capital del Estado.

La asunción de Lemus en diciembre de 2024 supuso un cambio radical de formas. Alfaro es como un centrodelantero que gusta de avanzar dejando espinillas sangrantes; el nuevo gobernador cree en un acomodo más terso, uno en el que no han faltado señalamientos de que cierta prensa, por amistad o conveniencia, le mima en demasía. Hasta el Mundial, que tuvo sede ahí, le ayudó a cambiar los ánimos.

Antes de que el primer fin de semana de este octubre las aguas negras invadieran las tuberías de decenas de colonias de la zona metropolitana de Guadalajara, Lemus tenía la cabeza puesta en las elecciones de 2027. Movimiento Ciudadano busca retener la alcaldía de la capital (ganada por la mínima hace dos años) y la de Zapopan y, eventualmente, recuperar distritos y municipios que Morena le quitó.

Los vientos parecían a su favor. Tras la pausa mundialista, que en Guadalajara se aderezó con megaconciertos, el Gobierno no advertía amenaza en unos morenistas que en Jalisco hacen actual aquello que se decía de los trotskistas, eso de que si son tres militantes, no es raro que entre ellos formen cuatro corrientes. Lemus ya preparaba el terreno electoral cuando la fetidez tocó la puerta.

La zona metropolitana tapatía depende del agua tanto del lago de Chapala como de un sistema de presas coronado por El Zapotillo, obra que Alfaro y Andrés Manuel López Obrador concluyeron el sexenio pasado. Si durante lustros el problema fue garantizar el abastecimiento, suman también años las quejas sobre la calidad de lo que el Gobierno entregaba. En la campaña de 2024 Lemus prometió arreglar eso.

El cauce de agua mala le ganó a Lemus. Y su falta de previsión y su exceso de confianza. La crisis de octubre estalló luego de que durante meses minimizó el problema, que prácticamente ha sido denunciado a todo lo largo de 2026. La raíz del problema es honda; tiene que ver con lo que durante otras administraciones no se hizo, pero el actual gobernador no puede hacerse el que no sabía lo endeble del sistema.

En la zona metropolitana tapatía viven 5,5 millones de habitantes. El abastecimiento de agua corre a cargo de un organismo —su acrónimo es SIAPA— que tiene décadas operando. Los alcaldes que se benefician de su agua tienen voz y voto en esa dependencia. Al menos desde la primera vez que fue alcalde, en 2015, Lemus sabe de los achaques y dolencias de un sistema endeudado, disfuncional y frágil.

El sábado 3 y el domingo 4, en varias zonas la gente reclamó que recibían líquido propio de albañales. En una ciudad poco dada a las manifestaciones, un par de días después, vecinos bloquearon calles urgiendo una solución. La respuesta fue —qué revelador, visto en retrospectiva— cerrazón, minimización del problema y envío de policías. El enojo devino en convocatoria para una megamarcha y el resto es historia.

Este domingo, día de la marcha, Lemus ordenó a los bomberos lanzar agua a presión contra los manifestantes. Dispuso también la detención arbitraria de medio centenar de ciudadanos. Su policía secuestró y golpeó a jóvenes y mujeres. Casa Jalisco, la residencia oficial del gobernador, fue utilizada por horas como mazmorra. Y, como si algo faltara, impidió que los abogados y familiares de los detenidos accedieran a ellos.

Todo lo anterior sucedió, desde luego, en el contexto de la aparición, que a nadie sorprende, de reventadores de esta, una marcha pacífica. El operativo ordenado por Lemus ni contuvo ni inhibió a los violentos, y sí se cebó en ciudadanos a los que, con los videos que circulan, no se les puede probar alteración del orden público y mucho menos delitos. El exceso policiaco y de la Fiscalía estatal es, en cambio, flagrante.

¿Cómo pudo pasar esto? ¿En qué momento el justificado reclamo por una crisis que provocará el racionamiento durante seis meses en 627 colonias —sí, decenas de miles de familias con acceso mínimo al agua dos o tres días por semana durante medio año— se volvió tema de toletes, jóvenes sangrantes y silencio oficial? ¿Dónde quedó el gobernante que presumía su raíz ciudadana y capacidad de gestión?

Lemus no tiene un equipo a la altura del Estado de Jalisco, y lo peor es que eso no es nuevo. Parece desconocer la palanca de cambio, y en esta crisis su secretario de Gobierno ha sido una nulidad. Esa falta de cuadros capaces y ejecutivos le ha valido la etiqueta de represor, calificativo que manchará su investidura, sobre todo porque el jueves, en la universidad ITESO, prometió respetar la marcha.

Si el equipo no ayuda, solo hay una persona a quien responsabilizar: él decidió un modelo de gestión que abusa de las redes sociales sin recapacitar en que estas son, ante todo, un algoritmo para la vanidad, no un sistema nervioso que ayude a calibrar malestares de sus gobernados. De igual forma, ha pasado por alto que las encuestas son un instrumento, mas no un sustituto de palpar el territorio.

La crisis del agua ya suponía, sola, un complejo y desgastante reto. Como todo el país, Jalisco tiene ríos y vasos pútridos, industrias que impunemente contaminan esos afluentes, infraestructura hídrica añosa urgida de megainversiones y complicidades entre el poder político y económico que impiden al primero meter en cintura al segundo. Lemus falló al no declarar emergencia total con las aguas negras de octubre.

Lemus tiende a confiar demasiado en su enjundia, esa que le da para decir que hará todo “al estilo Jalisco”, y a operar de lunes a viernes y regalarse ratos de solaz los fines de semana. Si quería ser gobernador para pasarla bien, puede repensar su decisión. Está a punto de convertirse en el mandatario con más gente sin agua por meses de la historia moderna de México: el humor social se crispará.

El reto de Lemus dejó de ser ganar las próximas elecciones. Tiene que recuperar la confianza de una sociedad que no da crédito a lo sucedido afuera de Casa Jalisco. Y a pesar de que ayer liberó a todos los detenidos, reconoció errores y prometió sanciones, en su disculpa no se escuchó ni que fuera a deshacerse de los jefes policiacos y de los de la fiscalía que pretendieron encarcelar por sus pistolas a inocentes.

Si volviera al origen, Pablo Lemus descubriría que en Jalisco hay mucha sociedad civil dispuesta a ayudar a construir la compleja ruta para que la siguiente generación tenga agua limpia, que esa misma gente desespera cuando el gobierno impide que el director del SIAPA se deje ayudar o consiente que se niegue a comparecer en el Congreso. Si volviera al origen, recordaría que hace 15 años declaró que los partidos eran asociaciones con fines de lucro. ¿Lo atrapó eso?

Si quiere salir del pantano en donde solito se metió, Pablo Lemus tendría que saber, antes que nada, que necesita recuperar la confianza de sus gobernados, que debe visitar a los golpeados, correr a los represores y vivir sin agua un par de veces a la semana durante los próximos meses. Así podría aspirar a ser el líder que soñó. Hoy, en cambio, es solo un gobernante rebasado al que, con razón, le gritan represor.

Te puede interesar
Enrique Quintana

T-MEC: lo que Washington dejó de preguntar

Enrique Quintana
Opinión12 de octubre de 2026
En el tercer tema desapareció una frase completa: hace un año, las acciones que se pedía proponer eran “para promover comercio equilibrado, nuevo acceso a mercados y alineamiento en seguridad económica con México y Canadá”.
 
Salvador García Soto

¿Y dónde está el general?

Salvador García Soto
Opinión07 de octubre de 2026
El nombre del general Audomaro Martínez Zapata aparece, cada vez más más claro y fuerte, entre las agencias de seguridad de los Estados Unidos. Y es que el general retirado del Ejército mexicano está en la lista negra del gobierno estadounidense no sólo por el papel central que el militar mexicano jugó en el negocio ilícito del huachicol fiscal, sino porque reveló información estratégica y de seguridad nacional de los Estados Unidos al gobierno de Vladimir Putin en Rusia.
 
Lo más visto
2-4

SSG establece más de 900 puntos de vacunación para campaña invernal

Redacción
Política13 de octubre de 2026
Este lunes arrancó la campaña de vacunación invernal 2026-2027, con la meta de aplicar más de 1.7 millones de dosis de vacunas entre influenza y COVID. El Instituto de Salud Pública del Estado de Guanajuato (ISAPEG) contempla una meta de 1 millón 9 mil 806 dosis contra la influenza y 713 mil 999 dosis contra la COVID-19.
 
 
 
Suscríbete al newsletter para recibir periódicamente las novedades en tu email