
San Miguel de Allende conquista al mundo por tercera vez: historia, sabores y experiencias para vivirla
Leticia Aguayo Soto
Hay ciudades que se conocen siguiendo un itinerario y otras que obligan a guardar el mapa. San Miguel de Allende pertenece a las segundas: se descubre caminando, entrando a un patio por curiosidad, escuchando música desde una terraza o demorándose frente a una fachada que cambia de color conforme avanza la tarde.
Esa mezcla de belleza monumental, vida cotidiana, gastronomía, arte y hospitalidad volvió a colocar a la ciudad guanajuatense en la cima del turismo internacional. Por tercer año consecutivo, los lectores de la revista estadounidense Travel + Leisure eligieron a San Miguel de Allende como la mejor ciudad del mundo y la mejor ciudad de México en los World’s Best Awards 2026.
La distinción prolonga una racha iniciada en 2024 y refrendada en 2025. De acuerdo con la Secretaría de Turismo e Identidad de Guanajuato, el resultado de este año representa además el quinto título obtenido por San Miguel de Allende como “Mejor Ciudad del Mundo” dentro de estos premios, uno de los rankings de mayor difusión en la industria turística.

En la edición 2026 participaron más de 207 mil lectores, quienes emitieron alrededor de 661 mil votos para evaluar más de 10 mil ciudades, hoteles, cruceros, aerolíneas, islas, spas y otras experiencias de viaje. Las ciudades fueron calificadas por factores como cultura, gastronomía, hospitalidad, sitios de interés, compras y valor general de la experiencia.
Pero la verdadera explicación del reconocimiento no cabe solamente en una estadística.
Una ciudad que se recorre con los sentidos
El primer encuentro suele ocurrir en el Jardín Principal, frente a la Parroquia de San Miguel Arcángel. Sus torres neogóticas dominan el paisaje urbano y sirven como punto de referencia para internarse en un Centro Histórico de calles empedradas, casonas virreinales, pequeños comercios, galerías, hoteles, cafés y restaurantes.
Desde 2008, la Villa Protectora de San Miguel el Grande y el Santuario de Jesús Nazareno de Atotonilco forman parte de la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. El organismo internacional destaca el valor de su arquitectura religiosa y civil, particularmente los edificios construidos durante el siglo XVIII, cuando la población alcanzó uno de sus periodos de mayor prosperidad.
La declaratoria no protege únicamente monumentos aislados. Reconoce un conjunto urbano donde conviven plazas, templos, viviendas, talleres y espacios públicos que conservan la huella del barroco mexicano y de la transición hacia el neoclásico.
A unos kilómetros del centro se encuentra el Santuario de Atotonilco, célebre por sus murales y por su importancia histórica y religiosa. Más allá se abre otro San Miguel: el de las comunidades rurales, las cocinas tradicionales, las capillas de indios y los antiguos caminos vinculados con la Independencia y el Camino Real de Tierra Adentro.
Arte entre antiguas fábricas y patios coloniales
San Miguel de Allende mantiene una estrecha relación con las artes plásticas, el diseño y la formación cultural. Fábrica La Aurora, un antiguo complejo textil convertido en centro de arte, reúne galerías, estudios, talleres, tiendas de diseño y espacios gastronómicos.
El Mercado de Artesanías ofrece otra mirada sobre la creatividad local. En sus pasillos se encuentran piezas de latón, textiles, cerámica, joyería, juguetes, objetos decorativos y trabajos elaborados por artesanos de la región.
La experiencia puede continuar en El Charco del Ingenio, reserva botánica dedicada a la conservación de especies del semidesierto mexicano, o en el mirador de la ciudad, desde donde las cúpulas, azoteas y torres parecen acomodarse alrededor de la parroquia.
Durante agosto, esta vocación cultural volverá a ocupar plazas y recintos con el Festival de las Artes de San Miguel de Allende. La edición 2026 está programada del 7 al 23 de agosto y contempla conciertos, teatro, danza, exposiciones y actividades organizadas con la participación de más de 20 instituciones y colectivos culturales.
Una mesa donde dialogan tradición y cocina contemporánea
La gastronomía es una de las razones centrales del posicionamiento internacional de San Miguel de Allende. La ciudad permite pasar, en unas cuantas calles, de una cocina tradicional a una propuesta de autor, de un mercado popular a una terraza sofisticada o de un desayuno de pan recién horneado a una cena acompañada por vinos de la región.
Travel + Leisure ha destacado precisamente su escena gastronómica, sus cafeterías, restaurantes, bares y terrazas, además de la posibilidad de combinar la visita urbana con recorridos por viñedos, aguas termales y establecimientos de hospedaje instalados en antiguas casonas.
La oferta no se limita a los restaurantes de lujo. En barrios y comunidades sobreviven recetas familiares, tortillas hechas a mano, salsas de molcajete, guisos de temporada y cocinas tradicionales que cuentan otra historia del municipio.
Festivales como San Miguel y sus Sabores fortalecen ese encuentro entre productores, cocineras tradicionales, restauranteros y visitantes. En su edición de junio de 2026, el encuentro reunió a más de 35 restaurantes y productores locales en el parque Benito Juárez.
A esta experiencia se suma el desarrollo vitivinícola de los alrededores. Los viñedos ofrecen recorridos, degustaciones, vendimias, gastronomía campestre y paisajes que amplían la estancia más allá del Centro Histórico.
Tradiciones que siguen perteneciendo a la ciudad
Los reconocimientos internacionales no han borrado el carácter popular de San Miguel. El calendario conserva celebraciones religiosas y comunitarias que transforman sus calles y muestran una ciudad distinta a la de las postales.
Durante la Semana Santa se realizan procesiones, ceremonias y altares dedicados a la Virgen de los Dolores. Entre mayo y junio, las fiestas de la Santa Cruz y las celebraciones de barrios como El Valle del Maíz llenan las calles de música, danzas y convivencia comunitaria.
En junio llega el Convite o Desfile de los Locos, una de las expresiones más coloridas de la ciudad. La edición 2026 reunió, según datos municipales, a 9 mil 500 participantes y cerca de 139 mil asistentes entre habitantes y visitantes.
Septiembre trae las Fiestas Patrias y las celebraciones en honor a San Miguel Arcángel. Uno de sus momentos más esperados es La Alborada, cuando la madrugada se ilumina con fuegos artificiales, música y el repique de campanas.
A finales de octubre y principios de noviembre, las ofrendas, los altares y las actividades de Día de Muertos toman plazas y espacios culturales. En diciembre, estrellas de latón, nacimientos, posadas y conciertos crean uno de los ambientes más atractivos del año.
Naturaleza, aventura y descanso
Quienes buscan salir del circuito urbano pueden visitar la Zona Arqueológica Cañada de la Virgen, asentamiento prehispánico construido en relación con la observación del cielo y los ciclos agrícolas.
También existen recorridos a caballo por cañadas y comunidades rurales, rutas en motocicleta, tirolesas, puentes colgantes, senderismo, experiencias campestres y visitas a aguas termales.
El turismo de bienestar ha encontrado un espacio natural en esta región de manantiales. Spas, baños minerales y espacios de descanso permiten combinar la caminata por el Centro Histórico con jornadas dedicadas al reposo.
San Miguel de Allende también se ha consolidado como uno de los principales destinos de bodas y turismo de romance de México. El municipio reportó 907 bodas durante 2025, frente a 757 registradas en 2022, además de 214 eventos contabilizados durante los primeros meses de 2026.
Una ciudad cercana y bien conectada
El destino puede alcanzarse por carretera desde la Ciudad de México en aproximadamente tres horas y media, dependiendo del tránsito; desde Querétaro, el recorrido ronda una hora y 15 minutos, y desde León puede realizarse en alrededor de una hora con 40 minutos.
Las terminales aéreas más cercanas son el Aeropuerto Internacional de Querétaro y el Aeropuerto Internacional del Bajío, desde donde operan servicios de transporte terrestre hacia San Miguel de Allende. También existen conexiones de autobús desde las principales ciudades del centro del país.
Para recorrer el Centro Histórico, la mejor recomendación sigue siendo caminar. Las pendientes y el empedrado exigen calzado cómodo, pero permiten descubrir detalles que suelen pasar inadvertidos desde un vehículo: aldabas antiguas, patios interiores, pequeñas capillas, fuentes, talleres y puertas que se abren hacia galerías o restaurantes.
El premio y la responsabilidad de conservar
El presidente municipal Mauricio Trejo consideró que el tercer reconocimiento consecutivo pertenece a los sanmiguelenses y a quienes integran la cadena turística.
“No se ganó el mundial de futbol, pero pudimos ganar el mundial de turismo. La mejor ciudad del mundo está en Guanajuato y es San Miguel de Allende”, expresó el alcalde al celebrar el resultado. También sostuvo que el posicionamiento internacional permitirá fortalecer la economía y mantener a la ciudad entre los principales destinos turísticos durante los próximos años.
El premio, sin embargo, plantea obligaciones. La popularidad aumenta la presión sobre el patrimonio, la movilidad, los servicios públicos, el agua y la vida cotidiana de los habitantes. Conservar el prestigio requiere que el crecimiento turístico no transforme a la ciudad en un escenario ajeno a su propia comunidad.
Ahí se encuentra quizá el mayor desafío: mantener el equilibrio entre la ciudad admirada por los viajeros y la ciudad habitada por los sanmiguelenses.
Porque San Miguel de Allende no necesita parecer un museo. Su principal atractivo es seguir viva: con campanas al amanecer, vendedores en los mercados, artistas en sus talleres, cocineras frente al comal, familias en el Jardín y visitantes que, aun después de recorrerla, parten con la sensación de haber dejado algo pendiente.
Imperdibles en una primera visita
La Parroquia de San Miguel Arcángel y el Jardín Principal; el Centro Histórico; el Santuario de Atotonilco; Fábrica La Aurora; El Charco del Ingenio; el Mercado de Artesanías; la Zona Arqueológica Cañada de la Virgen; los viñedos; el mirador; las aguas termales y las rutas por comunidades y cocinas tradicionales.
San Miguel de Allende puede visitarse durante todo el año, aunque los meses de marzo y abril, así como de octubre a diciembre, ofrecen clima agradable y una intensa agenda cultural y religiosa. Cada temporada, sin embargo, revela una ciudad diferente.
La mejor ciudad del mundo no se agota en una fotografía frente a la parroquia. Hay que caminarla, probarla, escucharla y dejar que, calle a calle, explique por qué los viajeros siguen eligiéndola.





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