
El gas natural de Estados Unidos pone en jaque, una vez más, al sistema energético mexicano

México, la segunda economía de América Latina, depende en más de 75% de las importaciones de gas natural de Estados Unidos, un insumo clave para la actividad industrial y la generación de electricidad. Debido a esta condición, el sistema energético mexicano enciende las alertas cada vez que ocurre una contingencia climática o técnica del otro lado del Río Bravo. El director general del Centro Nacional de Control del Gas Natural (Cenagas), Cuitláhuac García, reconoció este miércoles que hace una semana registraron una “situación crítica” en EE UU y se dejó de enviar un 20% del suministro a territorio mexicano. “Era un golpe fuerte; sin embargo, con la coordinación de todas las áreas, de Pemex, de la CFE y del Cenace, pudimos afrontarlo sin problemas. No tenemos almacenamiento, pero a través de estas estrategias podemos solventar y podríamos tener hasta tres días (de reservas) si hubiese algún corte de este gas natural de importación”, indicó en Palacio Nacional.
El director de Cenagas declinó dar más detalles sobre la contingencia y, un día después, matizó sus propias declaraciones al asegurar que solo se trató de un tema operativo, ya superado, y que no habría un problema de suministro de energía. Sin embargo, fuentes allegadas al sector confirmaron a EL PAÍS que el cierre del abasto de la quinta parte de las importaciones se debió a una falla técnica y al mantenimiento programado de un gasoducto en Texas.
No es la primera vez que México se pone en alerta ante la decisión de Estados Unidos de cerrar la llave a las importaciones de gas natural. En febrero de 2021, una tormenta invernal en Texas provocó el congelamiento de infraestructura clave y la interrupción de los envíos de gas natural a su vecino país del sur. Para México, la crisis en EE UU derivó en un apagón eléctrico que afectó a 4,5 millones de personas, a más de 2.500 factorías y resultó en unos 3.000 millones de dólares en pérdidas económicas, de acuerdo con el sector empresarial.
Pese a los esfuerzos del Gobierno de Claudia Sheinbaum para reducir la dependencia de México del insumo estadounidense, las importaciones de este energético siguen en aumento. En julio de este año, México importó un promedio de 7.314 millones de pies cúbicos diarios de gas natural de EE UU, un alza de 6% respecto a los envíos del mismo mes de 2025, según los datos de la Administración de Información Energética (EIA, por sus siglas en inglés). La demanda de México del insumo clave seguirá creciendo al unísono del crecimiento industrial y eléctrico: alrededor del 60% de la generación eléctrica en el país es posible gracias a esta molécula.
México demanda más de 9.500 millones de pies cúbicos diarios de gas natural, y aunque Pemex produce 2.300 millones de pies cúbicos diarios, una gran parte de ese volumen la emplea en sus propias plantas, lo que abre la puerta a que las importaciones estadounidenses cubran el 75% de las necesidades del país. El gas natural de la Cuenca Pérmica, en el oeste de Texas, abastece principalmente al noroeste, al centro y al suroeste de México a través de diversos sistemas de gas natural en el país latinoamericano.
Javier Estrada, director y socio fundador de Analítica Energética, explica que tanto en los programas sectoriales como la Ley de Hidrocarburos delinean inversiones de almacenamiento subterráneo de gas natural para sortear cualquier tipo de contingencia en el abasto, sin embargo, estos proyectos aún no se han concretado por parte de la Secretaría de Energía. “Esto nos pone ante una situación en la que difícilmente puede seguir creciendo la oferta de electricidad, sobre todo ahora con la inteligencia artificial. Por ahora, lo importante es limitar el crecimiento del consumo de gas natural, aumentar la producción propia y contar con una verdadera capacidad de almacenamiento de gas natural”, refiere.
El alto grado de dependencia del gas natural estadounidense eleva el riesgo para México de una crisis energética interna ante cualquier disrupción del otro lado del Río Bravo. Con este diagnóstico bajo el brazo, el Ejecutivo ya evalúa algunas alternativas para incrementar la producción del energético. La más sobresaliente, hasta el momento, es la reactivación del fracking (fracturación hidráulica) en el país, una técnica muy polémica debido a la gran cantidad de agua que se emplea y a los riesgos de contaminación asociados al uso de aditivos para acceder a los yacimientos. El Plan México de la presidenta Sheinbaum pretende sustituir dichas importaciones por producción nacional, aunque sea mediante fracturación hidráulica. La meta fijada por su Gobierno es pasar de una producción actual de 3.800 millones de pies cúbicos diarios a unos 5.000 millones de pies cúbicos diarios en 2030.
Aunque desde el sexenio anterior el Gobierno mexicano ha hecho un esfuerzo por alcanzar una autosuficiencia energética, en el caso del gas natural, el camino se vislumbra cuesta arriba. La producción estancada de Pemex y la falta de obras de almacenamiento de la CFE complican el escenario y aumentan la vulnerabilidad ante posibles interrupciones externas. En palabras del propio director del Cenagas, en caso de una crisis de abasto de parte de EE UU, México solo tendría tres días de reservas de este insumo clave.



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