
Navarro lleva a la Fiscalía pleito con Arroyo Vieyra; lo acusa de amenazas e imputaciones falsas

La confrontación política entre el exalcalde panista de Guanajuato, Alejandro Navarro Saldaña, y el expriista, Francisco Arroyo Vieyra, dejó el terreno de las redes sociales y llegó a la Fiscalía General del Estado.
Navarro Saldaña presentó una denuncia y/o querella contra el exsenador, exdiputado federal y exembajador de México en Uruguay, a quien atribuye una escalada de publicaciones, mensajes y acusaciones que, sostiene, dejaron de ser críticas políticas para convertirse en señalamientos que podrían configurar conductas delictivas. La presidenta municipal de Guanajuato, Samantha Smith Gutiérrez, esposa del exalcalde, también aparece como parte denunciante al considerar que algunos de los dichos de Arroyo la agraviaron directamente.
De acuerdo con la primera hoja de la denuncia divulgada públicamente por Navarro, la querella hace referencia a posibles amenazas, falsedad ante una autoridad, imputación falsa de un delito e incitación a la comisión de un delito, además de otras conductas cuya eventual configuración deberá determinar el Ministerio Público. La sola presentación de la denuncia no implica que esos delitos hayan sido acreditados, ni que Arroyo Vieyra sea penalmente responsable: corresponde a la Fiscalía investigar los hechos y decidir si existen elementos para llevar el asunto ante un juez.
De la crítica a la acusación de un delito
El punto que habría terminado por romper la barrera entre el intercambio político y la vía ministerial fueron los señalamientos de Arroyo Vieyra sobre supuestos actos de extorsión e intimidación vinculados, directa o indirectamente, con Navarro y la actual administración municipal.
Navarro sostuvo que puede soportar la crítica política e incluso los motes con los que Arroyo se ha referido a él en redes sociales, pero consideró distinta la situación cuando el exlegislador comenzó a difundir señalamientos relacionados con supuestas extorsiones, amenazas o personas que actuarían a nombre de la familia Navarro-Smith. El exalcalde aseguró contar con capturas de pantalla, fotografías, mensajes y otras evidencias que entregará a la autoridad.

“Las diferencias políticas se debaten. Las acusaciones se sostienen con pruebas”, escribió Navarro al informar que había recurrido a la autoridad, dejando en manos de la Fiscalía la determinación sobre la existencia o no de responsabilidades.
En declaraciones posteriores, el panista explicó que lo que considera particularmente grave es que se le pretenda relacionar con un delito como la extorsión. Según su versión, Arroyo ha difundido referencias sobre personas que supuestamente exigirían hasta 50 mil pesos y realizarían actos intimidatorios en nombre suyo o de personas cercanas a la administración capitalina. Navarro rechaza tajantemente cualquier participación en hechos de esa naturaleza y sostiene que, si Arroyo cuenta con pruebas de una extorsión, debe entregarlas a las autoridades.
Samantha Smith respaldó la acción legal y confirmó que también se considera agraviada. La presidenta municipal sostuvo que cualquier acusación pública de esa gravedad debe acompañarse de elementos que permitan acreditarla y que corresponderá ahora a la autoridad determinar qué ocurrió.
Arroyo responde: también denuncia presiones y amenazas
La otra parte tiene una versión diametralmente distinta.
Francisco Arroyo Vieyra -por cierto, aliado político histórico del diputado local panista, Juan Carlos Romero Hicks, que pretende suceder a Samantha Smith en la alcaldía capitalina- ha señalado que desde hace meses utiliza sus redes sociales para cuestionar lo que considera irregularidades de las últimas administraciones municipales de Guanajuato. El exembajador sostiene que lo hace en ejercicio de su libertad de expresión y asegura que, en algunas de sus publicaciones, ni siquiera ha mencionado expresamente a Alejandro Navarro, aunque sí ha empleado un mote despectivo para referirse al personaje que critica.
Arroyo también afirma que, como consecuencia de esas críticas, ha recibido mensajes por conducto de supuestos emisarios que irían desde propuestas para alcanzar un arreglo hasta advertencias sobre su seguridad. Asimismo, ha sostenido que personas que le rentan inmuebles habrían recibido visitas de inspectores municipales, situación que interpreta como una forma de presión. Hasta ahora, esos señalamientos son dichos del propio Arroyo y deberán igualmente ser probados si decide llevarlos formalmente ante las autoridades.
El exlegislador declaró que no teme a la denuncia y que responderá por la vía jurídica. Incluso abrió públicamente un correo electrónico para recibir testimonios de personas que consideren haber sido afectadas durante los gobiernos encabezados por Navarro o Smith.
Así, el episodio presenta acusaciones cruzadas: Navarro sostiene que Arroyo lo ha vinculado sin pruebas con hechos delictivos y que ha incurrido en amenazas y hostigamiento; Arroyo argumenta que ejerce su derecho a cuestionar a quienes han gobernado la ciudad y, a su vez, afirma haber sido objeto de intimidaciones. Ninguna de esas versiones puede considerarse acreditada únicamente por haber sido difundida públicamente.
Arroyo Vieyra, una figura de luces y sombras políticas
La disputa adquiere una dimensión adicional por el perfil del denunciado.
Francisco Agustín Arroyo Vieyra no es un actor menor en la historia política reciente de Guanajuato. Militó durante décadas del PRI, ocupó curules como diputado local y federal y fue senador de la República; además, llegó a presidir la Cámara de Diputados durante la LXII Legislatura y posteriormente fue nombrado embajador de México en Uruguay durante el gobierno de Enrique Peña Nieto.
Su influencia política también se manifestó durante años en Guanajuato Capital. Más que afirmar como hecho una “injerencia” irregular en los gobiernos municipales —lo cual requeriría acreditación específica—, sí existe evidencia pública de su papel como operador y referente político con considerable ascendencia en las administraciones priistas de la ciudad.
Un ejemplo fue el gobierno de Edgar Castro Cerrillo. En 2017, Zona Franca identificó a Arroyo Vieyra como el “padrino político” del entonces alcalde. El alcalde tenía comunicación constante con Montevideo Interrogado precisamente sobre la polémica que rodeaba en aquel momento al diplomático, Castro destacó sus aportaciones a Guanajuato Capital y evitó cuestionar a quien era considerado uno de sus principales referentes políticos.
La relación de poder e influencia política tampoco fue solamente una percepción de medios. En documentos oficiales del Ayuntamiento quedó asentado el reconocimiento al peso de Arroyo en la gestión de recursos federales para la capital. Durante el cierre de la administración 2012-2015 se agradeció expresamente a Arroyo Vieyra que desde el Congreso federal hubiera influido para obtener recursos del Presupuesto de Egresos de la Federación y por su participación en proyectos como la entonces denominada Presa de la Tranquilidad. Mismo reconocimiento se hizo en el trienio inmediato.
Años después, análisis periodísticos sobre el gobierno de Edgar Castro describieron a Arroyo como cabeza de un grupo político con presencia en decisiones y organismos municipales. Se trata de interpretaciones periodísticas, no de determinaciones judiciales, pero documentan el peso político que durante años se le reconoció en la capital incluso mientras desempeñaba responsabilidades fuera de Guanajuato.
La cuenta de Andorra que persiguió su carrera pública
Otro episodio que ha acompañado la trayectoria pública de Arroyo Vieyra es el relacionado con la Banca Privada d'Andorra (BPA).
En septiembre de 2017, cuando Arroyo era embajador de México en Uruguay, el diario español El País publicó una investigación basada en documentación interna de la BPA según la cual el político guanajuatense mantuvo una cuenta en esa institución que recibió 1.2 millones de dólares provenientes de un despacho de abogados de la Ciudad de México.
Arroyo Vieyra no negó la existencia del depósito. Explicó entonces que los recursos correspondían al pago por un trabajo profesional como abogado realizado junto con el despacho Salinas Arrambide y Asociados. También reconoció que la cuenta fue abierta entre 2011 y 2012 y permaneció activa durante varios años. Defendió que la operación era lícita, aunque admitió al periódico español que haber cobrado en Andorra había sido un error.
El contexto volvió especialmente delicado el episodio: la Banca Privada d'Andorra había sido intervenida en 2015 después de que autoridades financieras de Estados Unidos señalaran a la institución por presuntamente facilitar operaciones de blanqueo de capitales de organizaciones criminales. Esa circunstancia, por sí misma, no demuestra que los recursos de Arroyo procedieran del lavado de dinero, pero colocó su nombre dentro de una amplia trama periodística y financiera sobre capitales mexicanos depositados en aquella jurisdicción.
Investigaciones periodísticas posteriores volvieron a mencionar a Arroyo en el contexto de las pesquisas sobre dinero mexicano en Andorra. POPLab, retomando información de Proceso, señaló que su nombre aparecía en investigaciones sobre recursos depositados bajo sospecha de lavado, al tiempo que consignó la explicación del exlegislador de que el dinero provenía de honorarios profesionales como abogado.
Por ello, resulta impreciso afirmar como hecho probado que Arroyo Vieyra haya cometido lavado de dinero. Lo documentado es que mantuvo la cuenta, recibió el depósito millonario, aceptó públicamente ambas circunstancias y que su nombre fue relacionado por investigaciones periodísticas con las pesquisas sobre movimientos financieros en Andorra. En las fuentes consultadas para esta nota no aparece una sentencia firme que lo haya declarado culpable de lavado de dinero por aquella operación.
Una batalla política que ahora deberá pasar por las pruebas
El nuevo expediente abre una etapa distinta en una confrontación que hasta ahora se había desarrollado principalmente en redes sociales y declaraciones públicas.
Alejandro Navarro, quien gobernó Guanajuato capital durante dos periodos consecutivos, ha optado por llevar ante el Ministerio Público los dichos que considera deliberadamente falsos y lesivos para él y su familia. Francisco Arroyo Vieyra, veterano de numerosas batallas políticas, sostiene en cambio que está denunciando públicamente lo que considera malos gobiernos y asegura contar también con elementos sobre presiones recibidas.
La diferencia fundamental es que, una vez presentada una denuncia, el terreno cambia. Ya no bastan las publicaciones mordaces, los calificativos ni las acusaciones cruzadas: cada afirmación que pretenda tener consecuencias penales tendrá que sostenerse con datos verificables.
La Fiscalía tendrá que establecer, primero, si los hechos descritos por Navarro corresponden a alguna conducta prevista en la legislación penal; después deberá determinar si existen pruebas suficientes para atribuirla a una persona concreta. Arroyo, por su parte, conserva plenamente su presunción de inocencia y su derecho a defender sus expresiones y presentar las evidencias que asegure poseer.
Lo que comenzó como otro pleito de la política capitalina se convirtió así en un expediente que enfrenta a dos figuras con peso propio: un exalcalde panista que conserva influencia en la vida pública de Guanajuato y un antiguo operador priista que, aun lejos de los cargos que alguna vez ocupó, sigue interviniendo con intensidad en el debate político de la ciudad. La próxima palabra ya no tendría que darse solamente en las redes: corresponderá a las pruebas y, eventualmente, a la autoridad.


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