
México juega contra su maldición de los partidos inaugurales en los mundiales

México juega contra la historia, contra su propia historia, este jueves 11 de junio ante Sudáfrica, cuando el balón ruede en el Estadio Azteca, renombrado Estadio Ciudad de México para el Mundial, después de haber sido renombrado antes Banorte. El azar le ha situado por octava ocasión en un partido inaugural de una Copa del Mundo. Así, será la octava oportunidad para romper una racha que le acompaña desde el primer Mundial, el de 1930: ganar el primer partido.
En Uruguay 1930, los mexicanos tuvieron el honor de jugar frente a Francia el primer partido de la historia de este torneo. Esa vez, los mexicanos cayeron 4-1 frente al conjunto francés en Montevideo. Nada por hacer para los vestidos de guinda. Eso fue un mal augurio porque el siguiente partido lo perdieron 3-0 ante Chile y luego una goleada 6-3 ante Argentina. Fue una agria presentación en sociedad.
20 años más tarde, después del horror de la Segunda Guerra Mundial, el fútbol volvió a unir a los países en Brasil. A los mexicanos les tocó jugar con los locales el primer partido en el Maracaná, en Río de Janeiro, ante más de 80.000 espectadores. Los mexicanos volvieron a vestirse de guinda y recibieron una tunda de 4-0. Ese color de uniforme, con los años, fue sustituido por el verde. Las cosas siguieron en picada en suelo brasileño por una goleada 4-1 frente a Yugoslavia y otra derrota 2-1 contra Suiza.
En el Mundial de 1954, jugado en la ciudad suiza de Ginebra, se celebraron dos partidos al mismo tiempo: la victoria 1-0 de Yugoslavia frente a Francia y, otra vez, una goleada brasileña 5-0 frente a los mexicanos. El siguiente partido de los mexicanos también fue una derrota 3-2 ante Francia. Cuatro años más tarde, en Suecia, hubo una locura de partidos el primer día del mundial con ocho juegos al mismo tiempo. Al equipo tricolor le tocó jugar con los locales en Estocolmo y perdió 3-0.
El trofeo de la FIFA regresó a América Latina con la fiesta en Chile 1962. Ahí los mexicanos se enfrentaron, de nueva cuenta, contra Brasil en Viña del Mar. El equipo tricolor minimizó los daños ante la ofensiva de Pelé y todo terminó con un 2-0. La Canarinha se contuvo un poco. Al menos no fue una goleada, pensaron los seguidores mexicanos. El segundo partido fue una derrota 1-0 ante España y el tercero, por primera vez en su historia, ganaron un partido en un Mundial al superar 3-1 a Checoslovaquia, hoy Chequia, su rival en la fase de grupos de 2026. Poco a poco había progreso en la estadística mexicana.
La modernidad llegó en 1970 con el primer Mundial transmitido en televisión a color. México organizó su primera Copa del Mundo y el 31 de mayo, a mediodía, los locales se enfrentaron a la dura Unión Soviética en el Estadio Azteca. Esa vez, para su suerte todo terminó en un 0-0 que supo a triunfo. Fue motivo de fiesta en el país. Después, la selección mexicana goleó 4-0 a El Salvador y venció 1-0 a Bélgica. A estas alturas, México había crecido futbolísticamente. Eso le dio el pase a cuartos de final, pero fue goleada 4-1 por Italia. En el Mundial de 1986, el segundo organizado en casa, el partido de inauguración fue un empate 1-1 entre Bulgaria e Italia en el Estadio Azteca un 31 de mayo, fuera de toda lógica porque se esperaba que los mexicanos abrieran su propio torneo después del terremoto en septiembre del año anterior. Tres días después del juego inaugural, los mexicanos jugaron contra Bélgica y ganaron 1-2, un partido visto como una catarsis colectiva. Esto es el mayor antecedente que puede impulsar a la generación de 2026. En el campo lucía un equipo muy sólido con Hugo Sánchez como figura y todo un pelotón de guerreros, incluido Javier Aguirre, hoy seleccionador de México.
Fue en 2010 cuando el sorteo colocó a México en el mismo grupo que Sudáfrica, país anfitrión. Menuda suerte. El partido fue en el estadio Soccer City en Johannesburgo. Los mexicanos eran muy peligrosos con Carlos Vela y Giovano Dos Santos en el campo. El empate perduró hasta que Siphiwe Tshabalala abrió el marcador para los sudafricanos. Una trayectoria que se clavó en el ángulo. “En el partido los jugadores no nos podíamos escuchar. Teníamos que hacernos gestos y estar gritando”, contó el guardameta mexicano de aquella ocasión, Óscar Conejo Pérez. A la misión mexicana tuvo que llegar el capitán Rafael Márquez para empatar el partido (1-1) antes del final. Dieciséis años más tarde, vuelven a enfrentarse México y Sudáfrica, ahora en el Azteca. Los mexicanos buscan, por fin, ganar en este partido frente a los suyos. Será un juego contra la estadística.


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