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category_description: "Información política de México y Guanajuato"
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# Día uno sin celulares en las escuelas mexicanas: los niños aprueban, a los padres les preocupa y los profesores vigilan

![prohiben celulares](/download/multimedia.normal.a557de6b2a5cdc0f.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

Este martes, a las 6.55 de la mañana, Yadira Rosas y María José, madre e hija, se despiden con un beso fuera de la secundaria diurna 18, en la alcaldía Cuauhtémoc de Ciudad de México. Antes de cruzar la puerta de la escuela, la niña de 13 años echa un vistazo al celular para dejarlo en manos de su madre. “Ya está estrictamente prohibido el teléfono en la escuela. Viene a estudiar y aquí no lo necesita”, sentencia Rosas. Es el día uno de clases, patios y pasillos de primaria y secundaria libres de pantallas, una disposición nacional del Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, que busca que los niños y jóvenes mexicanos suelten el teléfono al que dedican hasta siete horas cada día. Los estudiantes consultados aprueban la medida al reconocer que es una distracción y buena parte de padres de familia lo ve también con buenos ojos. Otros, sin embargo, consideran un retroceso no integrar la tecnología a la enseñanza o les preocupa no estar en comunicación con sus hijos. Profesores y autoridades escolares, por su lado, se convierten en vigilantes de la norma.

Los menores de 15 años han regresado a clases tras el puente de Día de Muertos en medio una nueva dinámica. En la secundaria pública Moisés Sáenz, de la colonia Santa María la Ribera, padres y alumnos han firmado una carta que les compremete a colaborar con la restricción de los teléfonos y asumir las consecuencias de utilizarlo. La escuela pide que lo lleven apagado. “Si te encuentran usando el celular, los de orientación lo guardan y nuestros papás tienen que recogerlos al día siguiente”, explica Regina Contreras. La alumna de primer grado no lleva su teléfono al plantel, como tampoco lo hacen Quetzal, Ximena, ni José, todos de 12 años. Lo usan en casa, eso sí, unas seis horas al día según su aplicación de tiempo en pantalla. “Para hacer tarea, jugar, platicar”, explican. Hasta hace tres semanas, algunos profesores incluso les pedían usarlo en clase “para buscar información”. Pero ahora las reglas son más estrictas, y en su opinión, han dado resultado. “Nadie quiere que se lo quiten porque te quedas todo un día sin él”, dicen.

Los niños, sin embargo, encuentran la forma de seguir con el celular. Maximiliano Gutiérrez, de 10 años, estudiante de una primaria privada de la colonia Roma Norte, cursa las materias en una tableta electrónica. Sus compañeros han burlado los sistemas de seguridad para instalar juegos o poner videos. “El ingeniero lo descubrió y bloqueó las aplicaciones, pero mis compañeros de todas formas siempre lo traen para usarlo en los baños”. Pública o privada, los estudiantes se aferran a usarlo, aunque admiten que les distrae. “Nadie pone atención”, dice Maximiliano. “Es mucha distracción”, completa Aarón Núñez. Los datos que presentó el Gobierno para tomar la decisión son: al 83% de los padres le preocupa los hábitos de sus hijos y más del 70% de jefes de familia está a favor de regular su uso.

Algunos no están convencidos del todo con la medida, especialmente en regiones azotadas por la violencia, como Culiacán, Sinaloa, donde los jefes de familia advierten de que estas restricciones podrían dejar a sus hijos sin posibilidad de comunicarse durante situaciones de emergencia. En la capital, Angélica Monroy, de 45 años, sostiene que su hija, estudiante de sexto de primaria debe llevar el teléfono a la escuela. “A mí me preocupa, por ejemplo, que pudiera temblar y que yo no pueda llegar de inmediato a la escuela”, comparte. Lo mismo dice Erick Núñez, padre de Aarón, o Yadira Rosas. Israel Parra (45 años), tiene otra postura: “Hay que confiar en la escuela, ellos tienen nuestros contactos y saben qué hacer en caso de emergencia”.

Otra de las medidas de la presidenta para proteger el consumo de la infancia fue pactar con las grandes plataformas reforzar las herramientas tecnológicas para filtrar los discursos de odio y el ciberacoso, una preocupación de estudiantes y padres. “Te graban, te hacen memes o stickers. Ha pasado muchas veces”, comparte Aarón. “Con los teléfonos entre ellos se hacen bulla. Es momento de ponernos de lado de los profesores y parar el bullying”, dice Lorena Rodríguez, madre de Maximiliano. En una de las secundarias se extiende una campaña con letreros: “Detrás de una pantalla cualquiera puede ser un personaje, cuida lo que compartes”.

La asociación Tejiendo Redes Infancia advierte de que los menores no tuvieron suficiente participación en la toma de decisiones. El ciberacoso, el contenido dañino y el uso intensivo de pantallas, apunta Tejiendo Redes Infancia, constituyen un problema público, “pero esos riesgos no prueban por sí mismos que una prohibición general sea la respuesta adecuada”.

Con esa mirada lo ve Claudia Montes, profesora de primaria. “Una prohibición o una negativa no ayuda y nunca va a ayudar a nada. Uno tiene que ser responsable de su propio uso y yo pienso que los padres de familia son los que realmente tienen que educar, no los profesores”, reclama. Además, rechaza que las pantallas salgan de las aulas: “No puedes separar la tecnología de la enseñanza porque de por sí somos un país que ya estamos muy por debajo de las expectativas tecnológicas a nivel mundial”, apunta.

La chicharra suena en la secundaria de Santa María la Ribera a las 13.30 horas. El prefecto de la escuela, encargado de la disciplina, supervisa la salida de los muchachos: “Viven del teléfono, pero aquí estamos para apoyar a su educación y confío que al menos un 99% de los niños ya entendió. Esto va a reforzar su creatividad. Es por su bien”, resume.

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