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title: "Adán Augusto López, Sheinbaum y el derecho de las audiencias"
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  - "Salvador Camarena"
author_name: "Saklvador Camarena"
category_name: "Opinión"
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category_description: "Columnas y artículos, análisis político y más"
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# Adán Augusto López, Sheinbaum y el derecho de las audiencias

![Salvador Camarena](/download/multimedia.miniatura.805f04b30cbc799c.TUVYX1NhbHZhZG9yLUNhbWFyZW5hLTItMzc4eDM3OF9taW5pYXR1cmEud2VicA%3D%3D.webp)

Ahora que a Claudia Sheinbaum le dio por preocuparse de los derechos de las audiencias de radio y televisión, conviene preguntar al Gobierno en dónde acomodamos a un líder de Morena que se niega a contestar a la prensa y espera que esta se resigne ante su silencio.

Adán Augusto López Hernández ha resuelto que tiene el derecho a quedarse callado si al llegar al Senado (donde cobra del erario) la prensa le aborda con preguntas de interés público. “Con mucho gusto platico lo que quieran, pero yo no doy declaraciones”, dijo en marzo, y cuando algunos periodistas le insistieron sobre si había sido llamado a declarar por temas judiciales, replicó: “Respeten mi decisión”.

La jugada pretendida por López Hernández puede ser sui géneris, pero nadie diría que inexplicable. A lo mejor cualquiera en su posición intentaría lo mismo: si no puedes dar respuestas sobre tu desempeño que convenzan, te parapetas en un supuesto derecho a callar.

Se puede rastrear el posible origen del mutismo del senador. Aunque debemos ir más atrás, todo escaló en julio de 2025, cuando en su natal Tabasco se dio a conocer que Hernán Bermúdez Requena era prófugo de la justicia mexicana, buscado por graves delitos.

Bermúdez y López Hernández se conocen desde hace lustros. Y cuando el segundo se volvió gobernador de Tabasco, nombró al primero secretario de Seguridad (2019). Al tiempo surgieron una crisis de seguridad en ese estado y versiones de malos pasos del jefe policiaco.

En 2021, López Hernández fue llamado por Andrés Manuel López Obrador a ocupar la Secretaría de Gobernación, mientras que ese mismo año, en cables de inteligencia militar revelados en 2022, soldados mencionaban presuntas ligas entre Bermúdez y el grupo criminal La Barredora.

López Obrador desestimó esos reportes y el propio secretario de Gobernación, López Hernández, en la mira de la opinión pública por su responsabilidad al haber nombrado a Bermúdez, los rechazó diciendo que se trataba de chismes.

Porque en México pasan cosas muy raras, Bermúdez —con una docena de cables militares señalando sospechas— siguió en su puesto hasta enero de 2024, fecha en la que ya había ocurrido la derrota de López Hernández frente a Sheinbaum, quien se quedó con la candidatura presidencial de Morena. Al tabasqueño le tocó de premio de consolación el liderazgo morenista en el Senado.

Al llegar a la Cámara Alta, López Hernández no bajó su protagonismo al punto de que parecía dispuesto a eclipsar a la presidenta Sheinbaum. Un año después le tocaría su momento Ícaro. En julio de 2025, como ya mencioné, en Tabasco se dijo en voz alta que La Barredora y Bermúdez eran una misma cosa. El exfuncionario huyó desviando los reflectores hacia quien lo nombró.

El obradorismo es famoso por crear silogismos que luego le aprietan el pescuezo. Durante años acusaron a Felipe Calderón de ser criminal porque creían imposible que el expresidente desconociera andanzas de Genaro García Luna, su secretario de Seguridad sentenciado en Estados Unidos por narcotráfico. Desde muchas mañaneras, López Obrador fue un ariete al grito de Calderón tuvo que saber.

Cuando hace 13 meses en Tabasco acusaron en los medios y en los tribunales a Bermúdez, lo único lógico era repetir el mantra de López Obrador: si Calderón era corresponsable por García Luna, López Hernández lo era por Bermúdez. Adán Augusto estaba tocado.

Años atrás, el analista Diego Petersen acuñó el término “jetómetro”, concepto insuperable para describir momentos de la política donde sin importar cuán efusivos sean discursos y mítines, la realidad de una adversidad se transparentará en el rostro de los políticos.

El jetómetro de la VIII reunión del Consejo de Morena del 20 de julio de 2025 era contundente. Aunque sus compañeros le dijeron que no estaba solo, López Hernández ese día era la cara misma del infortunio: hombros gachos, mirada perdida, gesto adusto… un apestado.

Lo demás fue cuestión de tiempo. En septiembre detuvieron a Bermúdez en Paraguay y lo trasladaron a un penal de máxima seguridad. La estrella de López Hernández se eclipsaba sin remedio. En febrero de este año fue removido de la coordinación senatorial.

Un mes después, Adán Augusto López inició con una “espantá” su táctica de no responder. “Espantá” es el nada honroso recurso de un matador que de pronto ve muy difícil al toro y de plano se niega a seguir la lidia. En marzo, el senador huyó en un taxi de la prensa que lo requería.

Ahí nació el estribillo “ya saben que no doy declaraciones” de López Hernández cada vez que se topa a la fuente que cubre el Senado. En cosa de cuatro semanas, cuando se reanude el periodo ordinario del Congreso, quién duda que pretenderá seguir con su espantá.

El caso encierra muchas lecciones. Morena prometió que la vida pública sería cada vez más pública; dijeron también que no serían iguales a los de antes; no robar, no mentir, no traicionar, es un aún un lema, ¿no?; que no habría influyentismo, juraron…

No confundirse: López Hernández no está en retirada. Será encargado de parte de la elección de 2027 y tiene peso en el Senado, así haya disminuido. Lo que nos devuelve a la cuestión inicial. Si el Gobierno quiere proteger a las audiencias, no puede convalidar la pretensión de un senador de no rendir cuentas, de hacerse invisible a los cuestionamientos, de emular el salinista dicho de ni los veo ni los oigo.

Porque la prensa cuestiona en nombre de la ciudadanía. Los medios son eso, un canal entre las dudas de la población sobre, en este caso, por qué el entonces gobernador López Hernández nombró a Bermúdez, por qué lo mantuvo ante la crisis de inseguridad, por qué se lo heredó a su sucesor y por qué nunca ha explicado qué tanto supo de lo que reportaba el ejército sobre su policía.

Y es a final de cuentas a la ciudadanía, a las y los electores, a quienes Adán Augusto López está mandando muy pero muy lejos cada vez que él dice ante un periodista que “no va a hablar”. El mensaje es que a este operador electoral, este líder de un partido que se dice de izquierda, le tiene sin cuidado la grotesca contradicción de cobrar del erario y no responder a la opinión pública.

Los derechos son de la ciudadanía y las obligaciones de los funcionarios. No es a la prensa a quien desprecia Adán Augusto López con su desdeñosa táctica: es a las y los mexicanos a quienes manda un mensaje clarito de “no les voy a explicar, ni ahora ni mañana”. Y háganle como quieran. Si la presidenta Sheinbaum tolera esas actitudes, eso de su interés por proteger a las audiencias será puro humo.

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