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  - "Enrique Quintana"
author_name: "Enrique Quintana"
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# Coordenadas. La economía mexicana metió ‘segunda’

![Enrique Quintana](/download/multimedia.miniatura.98af1ddc66e1f83f.RW5yaXF1ZSBRdWludGFuYV9taW5pYXR1cmEud2VicA%3D%3D.webp)

La economía mexicana parece haber metido segunda velocidad, después de varios meses de casi estar parada.

Ayer, el INEGI dio a conocer el Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE), que anticipa para junio un crecimiento anual de 1.7 por ciento del IGAE, el termómetro mensual más amplio de la economía mexicana.

Visto de manera aislada, el dato puede parecer modesto. Y lo es. Pero cambia de significado cuando se le pone en perspectiva: en el primer trimestre del año, el PIB creció apenas 0.4 por ciento anual, con una contracción respecto al trimestre previo.

Con la cifra de ayer ya es posible construir un primer estimado del segundo trimestre. Si se promedia el crecimiento anual de abril, medido por el IGAE (2.2 por ciento), con las previsiones de mayo (1.6 por ciento) y junio (1.7 por ciento) del indicador oportuno, el resultado es una expansión de 1.8 por ciento anual entre abril y junio.

Es decir, la economía pasó de crecer 0.4 por ciento en los primeros tres meses del año a un ritmo de 1.8 por ciento en el segundo trimestre. Más de cuatro veces la velocidad inicial.

El mismo ejercicio permite un primer cálculo del semestre: al promediar ambos trimestres, el crecimiento de la primera mitad de 2026 sería de aproximadamente 1.1 por ciento anual.

La composición del avance también importa. Las actividades terciarias, que representan dos terceras partes de la economía, crecerían 2.2 por ciento anual en junio, mientras que las secundarias, tras meses de debilidad, regresaron a terreno positivo con 0.5 por ciento anual, apoyadas en buena medida por la construcción. No hay que olvidar que abril registró un incremento mensual de 1.2 por ciento, el mayor desde marzo de 2021, con lo que la economía hiló varios meses consecutivos de avances.

Una advertencia metodológica es obligada: el IOAE es una estimación econométrica, no un dato observado, y sus intervalos de confianza son amplios. Para junio, el rango va de 0.5 a 2.8 por ciento. Pero aun en el escenario bajo, la dirección del movimiento es clara: la actividad productiva del país muestra indicios de mejoría.

La pregunta relevante es cómo sigue la historia en el segundo semestre, ahora que el efecto del arranque débil del año empieza a quedar atrás.

La aritmética ofrece una primera respuesta. El consenso de los analistas consultados por Banxico en junio espera un crecimiento de 1.1 por ciento para todo 2026, la misma cifra que ayer reportó la encuesta quincenal que realiza Citi México.

Si el primer semestre ya trae ese ritmo, bastaría con que la segunda mitad del año repitiera el paso para cumplir el pronóstico. Y si la economía sostuviera la velocidad del segundo trimestre, el año cerraría entre 1.4 y 1.5 por ciento, claramente por encima del consenso.

Hay elementos para pensar que ese escenario es factible. Por ejemplo, Banorte reiteró esta semana su estimado de 1.4 por ciento para 2026, apoyado en una recuperación modesta pero visible de la inversión fija, en el dinamismo del sector exportador, en la derrama económica del Mundial en el segundo trimestre y en un clima de negocios en mejoría, con inflación moderándose y la tasa de referencia en terreno neutral.

El FMI, en su actualización de julio, recortó su pronóstico para México a 1.2 por ciento, pero anticipa una aceleración moderada de la actividad gracias a políticas internas menos restrictivas. Vale recordar que hace poco más de un año el Fondo llegó a prever una recesión para 2025 y la economía terminó creciendo 0.8 por ciento.

La Secretaría de Hacienda sostiene que el desempeño volverá a superar lo previsto por el organismo, con el impulso del Plan Nacional de Infraestructura en la segunda mitad del año.

A ello se suma que las expectativas de inflación para el cierre de 2026 bajaron a 4.1 por ciento en la encuesta más reciente de Citi, lo que da margen para que las condiciones financieras se vuelvan gradualmente menos restrictivas.

El realismo obliga a no perder de vista los riesgos.

La revisión del T-MEC sigue siendo la principal fuente de incertidumbre para la inversión, y la ronda de negociación que ayer comenzó en México no ha despejado las dudas de fondo.

La manufactura permanece débil a tasa anual, la inseguridad encabeza las preocupaciones de los especialistas y el FMI advierte que una reescalada en Medio Oriente podría reavivar la volatilidad de las materias primas.

Ayer por la tarde el Brent estaba en 91.5 dólares, lo que implica un incremento de 24 por ciento en el último mes.

Pero el punto central de los datos de ayer es otro: la economía mexicana no está en auge, pero cambió de velocidad.

Pasó de un arranque de año que rozaba el estancamiento a un ritmo que, sin ser espectacular, multiplica con creces el del primer trimestre.

Si el segundo semestre simplemente sostiene ese paso, el pesimismo con el que comenzó 2026 habrá quedado, una vez más, rebasado por los datos. Veremos.

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